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Antes de las 8:10 El Trabajo Que No Vemos

Cada día, los estudiantes de OVS acuden a la escuela, van a clase, se dedican a sus deportes y luego regresan a sus dormitorios. Es un ciclo que se repite sin excepción, y uno en el que no solemos fijarnos.

Como escuela, nosotros también ignoramos demasiado a menudo a algunos de los miembros más valiosos de nuestra comunidad. Son la espina dorsal de nuestro campus; se despiertan temprano y llegan antes del amanecer para limpiar, cocinar y reiniciar el campus para que los profesores puedan enseñar y los demás podamos aprender. Para muchos de nosotros, estos trabajadores son anónimos y no se advierte ni se reconoce su esfuerzo. Pero su trabajo nos beneficia y, sin ellos, OVS simplemente no podría funcionar.

El 1 de mayo es un día importante para los estudiantes de último curso de OVS, ya que es el Día Nacional de la Decisión Universitaria. Pero aún más importante es que se trata del Día Internacional del Trabajador. Ese día, los reporteros y fotógrafos de On The Hill, Eugene Fisher, Hannah Little, Ella Schuette, Emanuel Zagata-Jacobson y Zimo Zeng, acompañaron a estos trabajadores mientras desempeñaban sus funciones importantes, siguiéndoles desde la penumbra del amanecer hasta el principio de la primera clase a las 8:10. Este es un día más en sus vidas.

4:25 am

Es una mañana oscura y húmeda, y Anali Calderón acaba de llegar a trabajar con su franela rosa y gris. De inmediato se dirige hacia la sala de correo, ahora en desuso, para coger suministros de limpieza y una aspiradora. La señora Calderón hace esto cada mañana: en su cabeza hay un procedimiento rítmico y sistemático que le permite limpiar en modo piloto automático. Su primera parada es la Sala 7, donde saca la basura y el material a reciclar, limpiando a continuación la pizarra blanca con pasadas largas y gráciles. La Sra. Calderón sube entonces a un carro de golf para recoger a María Ceja, otro miembro del personal de limpieza. En cuanto regresan, se ponen a trabajar. De hecho, trabajan sin parar y hacen sus labores con eficacia y elegancia.

El sonido de un coche bloqueando sus puertas indica que Adriana Valdez, el tercer miembro del equipo de limpieza, acaba de llegar. Equipada con sus artículos de limpieza y su aspiradora negra y azul, se pone manos a la obra. Hay un patrón invisible que estas mujeres han creado con su trabajo. Tras limpiarla por completo, la Sra. Calderón pasa de la Sala 5 a la Sala 3, lo que permite a la Sra. Valdez ocuparse de la Sala 4. El patrón prosigue hasta la Burr Hall. Mientras siguen su rutina, la Sra. Ceja ya ha aspirado la oficina principal y ajustado la mesa de cristal de la oficina del Sr. Floyd. Estas mujeres llevan ya unos 20 minutos en el campus y no se paran a beber agua ni a tomarse un respiro.

5:30 a.m.

Las sombrías montañas del Alto Ojai siguen inmersas en absoluta oscuridad cuando los miembros del personal de cocina, Martha Hernández, Jesús Covarrubias y Moisés Ferrel, salen de sus coches y entran en la cafetería de Littlefield Commons. Abren la puerta de la cocina, suben la cortina de metal que cobija los puestos de servicio y se lavan las manos antes de dar comienzo a una atareada pero ordenada mañana. Revisan el menú del día para planificar sus tareas, preparan el desayuno y, si tienen tiempo, también el almuerzo. Es lunes por la mañana, lo que significa que habrá un desayuno caliente con tostadas francesas, además de huevos cocidos y avena.

Los tres trabajan con eficacia experta. La Sra. Hernández saca la máquina de café y las cajas de cereales mientras el Sr. Covarrubias lleva pilas de platos a la línea de servicio. Al otro lado de esa línea, el Sr. Ferrel vierte agua caliente en el depósito para mantener la comida caliente. En este momento, la tostadora y las cubas para vajillas también están listas. El Sr. Covarrubias saca fruta del refrigerador, coge la tabla de cortar y el cuchillo y empieza la parte principal de su trabajo: encargarse de las barras de frutas y ensaladas. Al mismo tiempo, el Sr. Ferrel saca varias barras de pan francés, preparadas el día anterior. Mezcla la masa para tostadas sin consultar ninguna receta.

“Lo hago cada lunes”, dice, “así que ya sé lo que hay que hacer”.

5:40 am

Antes de que el sol surja por el horizonte, y mucho antes de que despierten los primeros estudiantes, Gil Saucedo abre las gruesas puertas de hierro de la oficina comercial cerca del centro de Ojai. La rutina matutina del Sr. Saucedo es rápida y eficiente, inspeccionando el autobús con precisión científica. Antes de que el bus se ponga en marcha, el Sr. Saucedo levanta su enorme capota para comprobar los niveles de aceite y combustible; después, rodea el autobús para inspeccionar hasta la última tuerca de las ruedas. El autobús completa la primera fase de la inspección. El Sr. Saucedo gira la llave del monstruo amarillo dormido. El motor lucha contra el aire frío y emite un grave estruendo en el silencio de la mañana.

La siguiente fase del servicio convierte al autobús en lo que parece y suena como un juego de máquinas recreativas. El Sr. Saucedo activa todos los interruptores de la luz y, de repente, el autobús libera una gran cantidad de energía en la mañana con luces de emergencia brillantes, alarmas ululantes, limpiaparabrisas que se deslizan y una señal de STOP iluminada en un costado. El Sr. Saucedo escucha, observa y tacha su lista.

“Si hay cualquier problema en un autobús, tengo que subir a otro y empezar todo el proceso desde el principio”, dice.

Desde baterías agotadas hasta ruedas pinchadas, el Sr. Saucedo ha de tener en cuenta el tiempo en caso de emergencia. Porque ocurra lo que ocurra, el Sr. Saucedo sabe que hay padres y niños esperando.

“Si llego tarde”, dice, “todo el mundo llegará tarde”.

6:00 am

La Sra. Ceja acelera el carro de golf y conduce hasta el dormitorio femenino, donde la única persona despierta a esas horas es Min Lee. La Sra. Calderón se esmera en limpiar la mesa de la sala de conferencias y en reorganizar las sillas para que queden a distancia perfecta entre sí. La Sra. Valdez trabaja en el salón superior de los profesores mientras rememora la belleza de su antiguo hogar, Playas Mulege, en México.

Cerca de allí, todas las luces se encienden gradualmente en los espacios comunes de Littlefield, donde el Sr. Covarrubias termina de cortar la fruta para el desayuno y empieza a prepararse para el almuerzo. El Sr. Ferrel, por otra parte, empieza a cocinar tostadas francesas mojando el pan en la masa y colocándolo en la plancha de hierro, donde chisporrotea y desprende su fragancia. Al mismo tiempo, el Sr. Ferrel abre la puerta del horno e introduce una bandeja con huevos hasta que hierven. Los dos hornos, que se instalaron en los nuevos edificios hace dos años, son versátiles y útiles para preparar postres, asar carne y verduras, hacer arroz al vapor y mucho más. Le hacen la vida fácil al personal de cocina.

6:05 am:

Al autobús se le conoce como “Vieja Betsy” y es el favorito del Sr. Saucedo. Esta mañana funciona perfectamente y todo va según lo planeado. Mientras sale el sol, el Sr. Saucedo empieza con el resto de sus responsabilidades matutinas. Abre las puertas de hierro más pequeñas de la oficina comercial y enciende las luces del pasillo abierto.

Entra en la cocina y prepara una cafetera mientras abre los dos buzones de correo reservados para los campuses superior e inferior. Después comprueba la tabla de programación para asegurarse de que nada ha cambiado. La pizarra blanca está llena de garabatos, flechas y X en rotuladores de vivos colores. La pizarra puede parecer un desastre, pero es oro para el personal de transporte.

“A veces se complica y los horarios cambian”, dice el Sr. Saucedo. “Pero la gente confía en que estemos allí cuando lo necesitan, y eso tenemos que hacer”.

6:15 am

En la cocina, la Sra. Hernández saca su libreta de espiral en la que ha traducido y copiado pulcramente infinitas recetas del libro de cocina original d OVS. Abre su libreta en la página del artículo que preparará hoy (pastelitos de zanahoria), uno de los aperitivos preferidos por los estudiantes. En cuatro bandejas para hornear, la Sra. Hernández coloca pacientemente forros de papel en cada hoyo y vuelve a consultar la receta antes de mezclar todos los ingredientes. El Sr. Ferrel, de pie a la izquierda de la Sra. Hernández, corta cebollas para preparar la deliciosa y querida sopa de bisque de tomate.

6:24 am

Isidro Zamora es el primer trabajador de mantenimiento en llegar al patio de mantenimiento, donde desbloquea la puerta para prepararse para la llegada del resto del equipo. La silenciosa mañana se perturba ante el fuerte sonido de las puertas de los contenedores de envío, donde se guarda el equipo. Recupera dos sopladores de hojas a gasolina y los coloca en la plataforma del camión de mantenimiento de OVS.

El resto del personal, Manny Calderón-López y Juan Ruiz-Flores, llegan juntos. Ambos sorben su café y se toman un momento para contemplar la oscura y húmeda mañana antes de ayudar a preparar los sopladores de hojas para la acción. El Sr. Ruiz-Flores y el Sr. Zamora cogen latas de uno de los contenedores de envío y empiezan a verter gasolina en los sopladores de hojas. Al entender muy bien lo que deben hacer, el personal no necesita hablar, lo que hace que el silencio matutino sea aún más ensordecedor y que los ruidos de contenedores y el gas chirriante sean aún más molestos. En cuanto los sopladores están listos, la plataforma del camión se cierra, el motor se enciende y el equipo conduce hasta la cima de la colina.

6:35 a.m.

Ya ha salido el sol y, aunque la niebla aún no se ha disipado, el equipo de limpieza sigue adelante. La Sra. Calderón se ha trasladado al dormitorio de las chicas, donde inmediatamente empieza a guardar los platos que quedaron la noche anterior. Clara Ferrer Ferreria ya se ha levantado y está haciendo su entrenamiento matutino. Tras pasar la aspiradora, la Sra. Valdez ha empezado a limpiar todas las ventanas de la sala multiusos. ventanas de la sala polivalente.

José Luis Maldonado, quien trabaja en el establo, entra en la cocina y ayuda a llevar una bandeja de magdalenas de la cocina trasera al horno. Le encanta estar aquí.

"Vengo todos los días a ver a mis amigos y a tomar café", dice.

6:45 am

El Sr. Saucedo gira el mando de la radio y pone KLOS-FM 95.5, donde escucha varios programas matutinos. En otras ocasiones, solo escucha música. El ruido de la mañana le ayuda a “romper la monotonía”. Durante los 40 primeros minutos conduce en soledad, empujando filas de asientos vacíos a través del tráfico matutino y sorbiendo su café mientras deja atrás los muelles de Ventura. Cuando uno piensa en el autobús de la escuela, no suele pensar en lo que tarda en llegar hasta ella. El Sr. Saucedo es la prueba de que no aparece por arte de magia.

Minutos después, el autobús se detiene en su primera parada: Mandala Bay, en Oxnard. Tras esperar unos pocos segundos en el vecindario atravesado por el canal, Vana Dakessian, estudiante de octavo grado y única pasajera de Oxnard, sube al autobús y toma asiento.

“¿Qué tal fue la acampada?”, pregunta el Sr. Saucedo.

“Me puse enferma y no pude quedarme”, dice. “Pero me lo pasé bien allí”.

Ahora que hay un estudiante en el autobús, el Sr. Saucedo deja de ser un conductor solitario de camino a su destino para convertirse en el mejor comité de bienvenida que un estudiante podría pedir.

6:48 a.m.

El camión de mantenimiento aparca junto al laboratorio de medios de comunicación, y el Sr. Zamora y el Sr. Ruiz-Flores se echan los sopladores a la espalda y los encienden como cada lunes por la mañana. Al instante, la quietud se ve envuelta por el atronador sonido de los sopladores cuando el equipo empieza a abrirse paso a través de la niebla que cubre el campus.

Mientras tanto, el Sr. Calderón-López riega el parterre de Burr Hall. Mueve la manguera de izquierda a derecha para asegurarse de que todas las plantas reciben la misma cantidad de agua. Mira profundamente el arriate, casi como si examinase las plantas una a una. Mientras da vueltas lentamente alrededor de la jardinera, se detiene al llegar al árbol, al que le da un poco de agua extra antes de continuar su camino alrededor. Cuando termina de regar la jardinera, arrastra la manguera hacia la máquina expendedora.

"No puedo olvidarme de regar el algodoncillo para la Srta. Davis", dice, dirigiendo el chorro de agua hacia unas cuantas plantas que apenas brotan. Rápidamente termina de remojar el algodoncillo, luego apaga la manguera y, metódicamente, comienza a enrollarla para que el próximo usuario la tenga lista.

6:52 a.m.

La Sra. Ceja se asegura de que las ventanas de la biblioteca estén limpias y libres de rayaduras. La mañana es aún tranquila; los pájaros pían, pero los estudiantes (salvo Min, que se ha trasladado a la biblioteca) aún no han hecho acto de presencia. Al otro lado de los edificios nuevos, el Sr. Valdez vuelve a alinear cuidadosamente las sillas del aula de astronomía, aunque se detiene por un momento cuando la Sra. Ceja, quien ya ha terminado en la biblioteca, se detiene para charlar brevemente con él.

7:00 a.m.

Con un suave tintineo, los pastelitos de la Sra. Hernández quedan cocinados a la perfección: están tiernas por dentro, mientras que por fuera muestran un marrón dorado y sabroso. El dulce aroma escapa del pequeño y confinado horno, uniéndose al denso olor del pan francés con canela, vainilla y mantequilla.

Cerca de allí, el sonido de los sopladores de hojas de propulsión industrial sigue resonando por el campus mientras, colina abajo, el Sr. Maldonado llega al establo ecuestre. Al entrar en los establos, llena inmediatamente un gran cubo con grano; luego lo lleva hasta la manguera y lo llena de agua antes de depositarlo en el suelo. Los caballos se dan cuenta y caminan inquietos hacia sus cuadras, listos para desayunar. El Sr. Maldonado camina desde el establo hasta la pista, donde deambulan dos caballos. Tras trepar por la valla y caminar hacia uno de los caballos, se toma un momento para acariciarlo antes de atarlo con una correa y llevarlo de vuelta al establo.

7:07 a.m.

El Sr. Saucedo echa mano de la radio una vez más y enciende la infame música del autobús OVS - Classic Rock Station FM 103.3. El punto de recogida de Marina Park Ventura está vacío, aparte de unos cuantos perros que persiguen pelotas de tenis en la hierba brumosa y sus dueños, que llevan sudaderas con capucha. El primer padre sale de su coche café en mano y ayuda a recoger las bolsas del asiento trasero mientras dos pequeños se acercan a la puerta del autobús. El autobús permanece en silencio mientras ambos suben y su padre se despide de ellos y del Sr. Saucedo. Fueron las primeras gotas que provocaron la inundación.

En los dos minutos siguientes, padres e hijos llegan desde ambos lados de la acera hasta las puertas del autobús. Niños pequeños con mochilas aún más pequeñas suben las tres escaleras del autobús y los padres, que tienen que trabajar, se quedan en la puerta charlando con el Sr. Saucedo.

Los niños están casi tan contentos por ver al Sr. Saucedo como él de verlos a ellos. En medio del frenesí, ni siquiera puedes distinguir quién está hablando, pero todos hablan con el Sr. Saucedo.

“Buenos días, Gil”, dicen padres y niños al unísono.

“Buenos dias!”

“h, Gil, mira mi nueva mochila”.

“¡Perdón por llegar tarde, Gil!”

“Debíamos salir a las 7:15, pero suele haber algunos rezagados”, dice el Sr. Saucedo a las 7:20. “No me gusta dejar a nadie atrás por llegar tarde. Todos hemos llegado tarde alguna vez; lo entiendo”.

Los estudiantes empiezan a despertarse y a encaminarse hacia el desayuno, pero el equipo de limpieza sigue trabajando duro antes de que puedan sentarse. La Sra. Ceja, la Sra. Valdez y la Srita. Calderón trabajan juntas en los baños, comentando brevemente sobre su plan para el resto de la mañana. La Sra. Ceja y la Sra. Calderón permanecen en la zona de los baños, rellenando los rollos de papel higiénico y las bolsas de basura, mientras que la Sra. Valdez hace lo mismo en el baño de la cafetería. Las fregonas y trapos salen en ambas áreas de baño, asegurando de que los estudiantes y profesores tienen inodoros y lavabos limpios.

Diez minutos más tarde, la Sra. Ceja y la Sra. Calderón trabajan mientras las chicas se levantan y se preparan para asegurarse de que la sala está en perfectas condiciones. La Sra. Valdez está en el otro extremo del campus, limpiando también el dormitorio de los chicos. Estas mujeres son la razón por la que cada mañana el dormitorio tiene tan buen aspecto como cuando se construyó.

7:20 a.m.

El Sr. Maldonado limpia los asientos húmedos del Gator verde brillante. Cuando los deja lo bastante secos, se sienta y conduce hasta una pila de heno más alta que él. Con cuidado, recorta cuadrados idénticos de heno y los carga en la parte trasera del carro. Una vez lleno, cubre el heno con una manta gris sucia para mantenerlo seco.

“Sé exactamente a quién le gusta comer qué”, dice el Sr. Maldonado de camino de vuelta al establo, “y cuánto quiere comer cada uno”.

Aparca el Gator en medio de las casetas y, con un movimiento rápido, agarra un cuadrado de heno, abre una de las puertecillas y lo arroja a la esquina antes de cerrar la puerta de nuevo. Como un reloj suizo, pasa de puerta a puerta del establo y continúa hasta que el Gator está vacío de heno.

La niebla se convierte en lluvia. El Sr. Maldonado llena un cubo con grano y lo deja en la esquina de una caseta. Ames, un gran caballo negro que descansa en la parte trasera de la caseta, no parece interesado en desayunar.

“Vamos, muchacho”, dice, animando al caballo. Reacio, Ames se acerca al grano y empieza a comer.

Después, el Sr. Maldonado coge el cubo que vació al llegar y camina hacia una de las casetas. “Este tiene problemas en el estómago”, dice mientras señala hacia uno de los caballos, “así que debe comer grano húmedo o enfermará”. Deja el cubo en la caseta y aplaude cuando todos los caballos están alimentados. Con el trabajo de la mañana completado, regresa al Gator y conduce de camino al desayuno.

7:35 a.m.

El autobús está detenido tras un camión de la basura y avanza a marchas forzadas en la avenida North Ventura. Tan cerca de los límites de la ciudad de Ojai y tan cerca también de su próximo destino, el Sr. Saucedo se relaja y acepta la demora.

“Los lunes hay recogida de basura”, dice. “Esto nos retrasa todos los días”.

7:45 a.m.

Por fin ha llegado la hora del descanso para el equipo de limpieza. Las Sras. Ceja y Calderón dejan sus útiles de limpieza y se dirigen a la cafetería para desayunar y tomarse un merecido descanso. La Sra. Valdez sigue trabajando en la sala de los chicos, pero pronto se unirá a ellas.

Mientras tanto, el Sr. Ruiz-Flores, con el soplador de hojas aún rugiendo, empieza a bajar la colina desde el despacho del Sr. Floyd. Mientras camina, limpia a fondo el camino, asegurándose de que no queda ni una sola hoja. Los profesores empiezan a llegar y pasan por delante de él subiendo la colina. Cuando llega a los pies de la colina, el Sr. Zamora está limpiando el aparcamiento de los alumnos. Juntos, terminan de dejar el aparcamiento impecable mientras los primeros alumnos aparcan y suben a desayunar.

8:09 a.m.

Evil Woman suena de fondo mientras el motor del autobús ruge cuando el vehículo toma las cerradas curvas de la carretera Reeves. La distancia aumenta entre los coches de delante y la fila crece detrás. El Sr. Saucedo pone el intermitente junto al campo y deja pasar a los que llegan tarde. El ruido del motor se oye desde el aparcamiento de estudiantes y los niños, tras saltar de los coches, corren hacia donde pasa el autobús con la esperanza de alcanzarlo para que les lleve colina arriba. El Sr. Saucedo, que es el ángel de la mañana de todos, abre las puertas y deja subir a los reacios caminantes.

Tras subir la colina, el Sr. Saucedo abre las puertas por última vez en su carrera matutina. Desea a todos un buen día, apaga el autobús y coge el buzón etiquetado como "Superior". Saluda rápidamente a Floyd, a la Sra. Quinn y a todos los que están en la oficina antes de terminar su carrera matutina para llevar a los niños a su destino. Se acerca a la cafetería, con las llaves enganchadas a la trabilla de su pantalón y el autobús parado, para disfrutar de un bocado con sus compañeros del turno de mañana, que también están disfrutando su primer descanso desde el amanecer.

8:12 a.m.

Todos se han sentado a desayunar y conversan relajadamente. Esta es también una rutina practicada; una que pocos estudiantes reconocen y aún menos aprecian mientras corren hacia clase.

Y las señoras de la limpieza siguen viniendo a la escuela todos los días a las 4 de la mañana para hacer que nuestro campus resplandezca. Y los trabajadores de mantenimiento se aseguran de que las instalaciones y el campus funcionen a pleno rendimiento. Y nuestro personal de cocina se asegura de que nos den de desayunar, almorzar y cenar antes de que ellos siquiera puedan comer. Y nuestro personal de transporte trabaja duro para que los estudiantes lleguen a la escuela a tiempo y seguros.

Lo hacen todos los días. Son la razón por la cual a las 8:10 de la mañana, los estudiantes, la facultad y otros miembros del personal puedan sentarse en clase o empezar sus lecciones sin tener que preocuparse por limpiar las pizarras o recoger el estropicio del día anterior.

Los redactores y fotógrafos de On The Hill, Eugene Fisher, Hannah Little, Emanuel Zagata- Jacobson y Zimo Zeng han contribuido a esta historia.

Credits:

Emanuel Zagata-Jacobson, Hannah Little, Zimo Zeng