La equidad laboral es un pendiente en la sociedad ecuatoriana
En los últimos cuatro años se ha incrementado el porcentaje de mujeres en pobreza y ha disminuido su participación en el empleo pleno
Entre las historias sobre el origen del 8M hay un elemento en común: las protestas de las mujeres por dignificar su potencial laboral. Ha pasado más de un siglo desde que aparecieron los primeros sindicatos femeninos o las primeras marchas por una remuneración justa, pero todavía no hemos logrado reducir las desigualdades entre los humanos.
A pocos días de que se conmemore el 8 de marzo, la marea violeta vuelve a demostrar que las mujeres se mantienen en la lucha por alcanzar sus derechos. A escala global, en 2021 la desigualdad de género fue de 0,465; en Ecuador, esta cifra fue de 0,362.
El Índice de desigualdad de género, desarrollado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo, evalúa las desventajas que pueden experimentar las mujeres en comparación con los hombres. Para ello se evalúan tres dimensiones: salud reproductiva, empoderamiento y acceso al mercado laboral. Mientras la cifra más se acerca a 1, existirá menor crecimiento económico y mayor pobreza en una nación.
En Ecuador, las mujeres se enfrentan a brechas que las afectan en múltiples maneras. Por ejemplo, la tasa de empleo adecuado se redujo en 2,4% entre 2019 y 2022. Esto implicó que, en el año pasado, solo 27 de cada 100 mujeres cuenten con un trabajo donde perciban por lo menos el salario mínimo.
Para conmemorar sus esfuerzos, EL COMERCIO ha ido tras la pista de mujeres que se esfuerzan por cambiar la sociedad ecuatoriana. Desde su cotidianidad, ellas son el motor del cambio para las presentes y futuras generaciones. EL COMERCIO (I)
‘Cada vez hay más enfermeros porque nosotras sí creemos en la equidad’
ALEIDA BERMEO VÉLEZ, ENFERMERA
El rol de cuidado, atribuido solo a la mujer, es ahora compartido; y desde la Enfermería es más visible. Aleida Bermeo coordina el trabajo de 467 enfermeras y enfermeros en Solca Guayaquil.
Cuando un paciente me dice que tengo buena mano siento que le transmito confianza, seguridad. Porque como enfermera también me dan miedo los pinchazos y los catéteres.
En la Escuela de Enfermería nos dicen que el cuidar es un arte, una vocación. Pero en la práctica aprendemos que el ser humano prevalece y mucho más con los pacientes oncológicos.
Mi ingreso a Solca fue inesperado. La primera vez llegué como familiar de un paciente, cuando mi padre fue diagnosticado con un melanoma. Pasó por cirugía, luego estuvo en terapia intensiva y no resistió debido a otras enfermedades asociadas.
En esos días había aplicado para trabajar aquí, en el pensionado. Y el mismo día que mi padre falleció fui aceptada; han pasado 27 años.
"Muchas enfermeras cursan maestrías y programas de gerencia en salud, pero en los altos cargos hay hombres; eso debe cambiar. ¿Por qué una enfermera no puede ser ministra de Salud?".
Equidad de género
Tradicionalmente, la Enfermería ha estado ligada al rostro femenino. Ese don del cuidado se ha atribuido a la mujer; lo vemos desde Florence Nightingale, precursora de la enfermería profesional, incluso mucho antes.
Cuando empecé a estudiar éramos todas mujeres; cuando me iba a graduar ya tenía dos compañeros varones y cada vez los hombres tienen más apertura en esta profesión.
Sabemos como mujeres que estamos a la par con ellos, para darles la oportunidad de también aportar al cuidado. Creemos en la equidad, en la igualdad de oportunidades, en que también podemos aprender del otro género.
Soy docente, estoy formando profesionales. De esa experiencia he notado que ellos son más analíticos. Nosotras nos guiamos por la evidencia y por lo que dice la literatura científica, ellos siempre buscan el porqué.
Lamentablemente, con las mujeres no ocurre lo mismo. A medida que progresamos nos topamos con muchos obstáculos y uno de los principales es el machismo.
Debemos seguir el ejemplo de países como Perú, donde las enfermeras abren centros de atención sin la necesidad de contar con la certificación de un médico. Lucharon para establecerlo como ley y tienen sus consultorios y clínicas. Eso es dar oportunidad a las mujeres emprendedoras.
Formación
Ahora estoy cursando un doctorado. Pero antes pasé por muchas áreas, desde Medicina Interna hasta Emergencia.
He tratado a adolescentes, adultos, madres, niños a quienes siempre sonreía aunque después terminara llorando en la puerta del baño. Como madre no podía dejar de ver en ellos a mis hijas.
Vemos a pacientes salir victoriosos, libres de cáncer; otros no pudieron y para todo debemos estar preparadas.
Cuando terminé mi especialidad en Enfermería Oncológica, en el 2001, supe que estaba lista para dar un cuidado más amplio al paciente. En ese proceso también crecí como mujer y como madre.
Recuerdo que sustenté mi tesis solo 15 días después de dar a luz a mi segunda hija. Pasé todo mi embarazo estudiando, trabajando, cumpliendo con las guardias nocturnas, porque como mujeres nunca dejamos de luchar.
Hoy incursionamos en la tecnología, tenemos robótica en el quirófano y nos preparamos para apoyar nuevos procedimientos, sin dejar de lado la calidez humana.
Puedo decir que comprendo a los pacientes y no solo por mi profesión. Tiempo atrás me detectaron un nódulo en el seno y ordenaron una biopsia. Fueron los siete días más largos de mi vida, mientras esperaba el resultado.
Cuando llegó el día no quería atravesar la puerta del hospital. Sentí un peso tan grande, hasta que me dijeron que era algo benigno. Solo cuando se experimenta lo que vive el paciente podemos entenderlo.
Elena Paucar. Redactora (I)
Foto: Enrique Pesantes
‘Siempre fue algo innato el hecho de transmitir a otro el conocimiento’
PAOLA RUALES, DOCENTE Y RECTORA
Da clases de filosofía y portugués y es rectora de la Unidad Educativa Gonzalo Ruales Benalcázar, en Conocoto, al suroriente de Quito. Divide su tiempo entre sus tareas educativas y su familia.
‘De niña jugaba a la escuelita con mis hermanas, tomaba calladita la tiza de mis maestras. Iba a casa y utilizaba el armario como pizarrón. Creo que siempre estaba dentro de mi ser el hecho de buscar la posibilidad de transmitir a otros el conocimiento.
Pasaron los años y me fui encaminando. He tenido excelentes maestros en mi vida. Un líder innato: mi padre. Siempre tuve la oportunidad de seguir sus pasos.
Mis inicios en la docencia fueron cuando llegué a trabajar como guía en la Ciudad Mitad del Mundo, en el museo etnográfico. Ahí recibía visitas de turistas extranjeros. Pero, en algún momento llegó un grupo de niños.
Comencé en la escuela de un familiar, quien me pidió que le ayudara dando clases de inglés. En ese entonces estaba preparándome para ser docente. Tenía mi certificación en el idioma inglés, así que tuve la oportunidad de insertarme en ese mundo (de la docencia).
Quería tener algo propio y comenzamos a trabajar (con el apoyo de sus padres y su esposo). Empezamos con una guardería de niños en el año 2000. Ahí tenía 19 años. Era muy joven, sentía temor.
No obstante, mi padre puso a disposición de nosotros la quinta familiar que, poco a poco fue vistiéndose de colores y dejó de ser una quinta para convertirse en la Unidad Educativa Gonzalo Ruales Benalcázar, que lleva el nombre de mi abuelo paterno y ya tiene 23 años de funcionamiento.
La presión social, el cariño de los niños y el afecto construido con los padres de familia nos impulsó a buscar la logística y el personal adecuado para abrir las puertas de la escuela y el colegio.
Siempre fui la líder de este lindo proyecto educativo. Fui la fundadora y una vez que alcanzamos nuevos niveles asumí la rectoría. Soy una mujer muy arriesgada.
Cuando llegan los papás a mi oficina esperan ver a una mujer de edad avanzada y me han dicho que he roto con ciertas estructuras sociales. El Día del Niño soy la primera en disfrazarme. Animo las actividades y soy carismática. .
"Todo mi proceso formativo ha sido de compartir. Yo creo que en la vida nosotros tenemos la oportunidad de si aprendemos algo, inmediatamente compartirlo con el otro".
Enfrentar retos
Soy la que inyecta positivismo a mis padres de familia, a mis niños.
Toda mi vida ha sido de preparación. Tuve el título de Licenciada en Administración y Supervisión Educativa. Luego tuve un diplomado en Pedagogías Innovadoras. Posterior a ello, una maestría en Gerencia y Liderazgo Educativo. Actualmente, me encuentro cursando mi PhD en Argentina.
Es importante que el proceso formativo sea permanente y que se genere ese ejemplo en nuestros maestros y niños. He capacitado a mis docentes en temática pedagógica, trabajo en equipo, empoderamiento a la institución.
He tenido muchos retos, como la pandemia. Tuvimos que usar la tecnología como nuestro medio de trabajo. No dejamos de laborar.
Hemos entregado ya nueve promociones de bachilleres a nuestra sociedad. Tengo pilotos, chefs, ingenieros, un sinnúmero de profesionales. Incluso, la segunda generación ya está en nuestras aulas: hijos de nuestros alumnos.
Otra cosa que me ha parecido importante es el hecho de trascender como mujer, apoyando al fútbol femenino. Esto es una carta que lleva nuestras siglas a nivel de campeonatos intercolegiales e interescolares.
En Quito, hemos sido tricampeonas de fútbol 11 y tetracampeonas de fútbol sala. Además, en el valle de Los Chillos, tricampeonas en fútbol sala y tetracampeonas en fútbol 11. He liderado esto también.
Sin lugar a dudas, la mujer puede desarrollar todos y cada uno de sus roles con la debida planificación y responsabilidad, teniendo bien puesto su enfoque de adónde quiere llegar.
Yo destino unas nueve horas al día a la institución y las demás son para mi familia. Me gusta respetar el momento para cada uno y dar, más que nada, un acompañamiento de calidad a mi familia.
Roxana Madrid. Redactora (I)
Foto: Julio Estrella
‘Mi familia e hijos me dan fuerza para Enfrentar a Diario a la delincuencia’
ESTEFANÍA JIMÉNEZ, CABO SEGUNDO DE LA POLICÍA
Ella combina su tiempo entre ser madre y ser una mujer policía. A diario recorre las calles para enfrentar a la delincuencia. Ella dice que ambas tareas no son fáciles, pero tampoco imposibles.
‘Desde hace casi siete años me dedico a combatir la delincuencia. Soy parte del Grupo de Operaciones Motorizadas del Distrito de Policía Eugenio Espejo, en Quito. Junto a mis compañeros, realizamos diariamente patrullajes de seguridad en motos, operativos, persecuciones y capturas.
Recuerdo que mi vida estuvo en peligro durante un operativo en julio del 2021. Junto a un compañero policía participamos en una persecución de dos hombres a bordo de una moto, que asaltaban a personas con arma de fuego.
La persecución arrancó desde la avenida De la Prensa y duró aproximadamente 30 minutos. Finalmente logramos detenerlos en el sector de la Basílica.
Recuerdo que mientras les perseguíamos por la avenida Occidental, uno de esos hombres nos apuntó con una pistola. En ese momento pensé en mis dos hijos y en qué pasaría si moría durante esa intervención, pero también pensé en que tenía una misión que cumplir y que no podía fallar.
Incluso uno de los hombres armados nos tiró su casco para que nos desestabilizáramos y chocáramos, pero pudimos maniobrar las motos y seguir la persecución. Finalmente, les capturamos. Al revisar en el sistema de la Policía, comprobamos que ambos tenían antecedentes penales por asesinato.
Cuando los llevamos a la Unidad de Flagrancia, para entregarlos a Fiscalía y a un juez, recuerdo que uno de ellos me miró de forma desafiante y me dijo “a mí nunca me va a meter preso una mujer”. En ese momento sonreí y me di cuenta que yo puedo y soy capaz de enfrentarme a la delincuencia.
No es imposible ser una mujer policía. Nosotras somos capaces de hacer este trabajo y hacerlo bien. Me he ganado mi lugar en la Policía y el respeto de mis colegas al ser fuerte y valiente. Lo demuestro cada día cuando realizo las mismas actividades operativas que mis compañeros hombres.
Si ellos pueden capturar a un delincuente, yo también puedo hacerlo, porque tengo las mismas capacidades y entrenamiento.
Cuando me preguntan de dónde saco la fuerza y valentía para combatir la delincuencia, yo automáticamente pienso en mi familia, que es mi motor para seguir adelante.
"Me llena de fortaleza saber que las familias dependen de mí y de mis compañeros policías para protegerles y evitar que los delincuentes les hagan daño. Lucho cada día por ser mejor en mi trabajo".
Toda una familia
Mi esposo también es policía. Nos conocimos en el 2016 mientras brindábamos ayuda por el terremoto de Manabí. Nos casamos en el 2019 y tenemos dos hijos. El primero tiene 5 años y la segunda es una niña de un año y 5 meses.
Es duro conjugar la faceta de madre y policía. Por mi trabajo no puedo compartir todo el tiempo con mis hijos, pero trato de siempre estar pendiente de ellos.
Por ejemplo, en mis tiempos libres, hago videollamadas con mi mamá, quien cuida a mis hijos. De esa forma converso con mis pequeños, les pregunto si comieron o mi hijo mayor me muestra la tarea que hizo. También cuando se ponen a llorar, mi mamá me llama, porque mis niños se calman cuando escuchan mi voz.
Por mi trabajo veo más a mis hijos por videollamada que en persona, pero todo el esfuerzo que hago es por ellos, para darles un mejor futuro y para que cuando crezcan se sientan orgullosos de mí.
Trabajo 11 días seguidos y descanso tres. Aprovecho el tiempo al máximo con mis hijos. Salimos a comer helados, vamos al cine, a comer o visitamos a mis padres o suegros. A veces nos quedamos en casa viendo películas o jugando.
Antes de salir de casa, cuando debo volver al trabajo, les doy un beso y la bendición a mis hijos, pues nunca se sabe si regresaré con vida. Mi trabajo implica riesgo, pero me siento protegida porque tengo un amuleto que mi hijo me dio. Se trata de un pequeño muñeco tipo llavero. Cuando mi niño me lo regaló me dijo: “Lleva siempre contigo este muñequito para que te cuide mamá”.
Ana Rosero. Redactora (I)
Foto: Julio Estrella
‘Me siento orgullosa de ser una mujer recicladora, nuestro oficio es único’
JUANA IZA, LÍDER DE RECICLAJE
Ella nació en una familia de recicladores. Su mamá le enseñó este oficio desde su niñez. A los 12 años se independizó y comenzó sola a reciclar. Tiene 63 años y no piensa dejar de hacerlo.
‘Mi oficio me ha dado una casa, un sustento diario para dar de comer y educar a mis tres hijos. Para mí ser recicladora significa todo.
Con el reciclaje sostengo a mi familia cada día. Me siento orgullosa de ser recicladora toda mi vida. Mi madre también lo era y yo trabajaba con ella desde mi niñez.
Tengo 63 años y nací en una familia de recicladores. De mis ocho hermanos dos somos recicladores y dos de mis tres hijos también se dedican a lo que yo hago.
Mi mamá me enseñó este oficio. Solo estudié hasta sexto grado en una escuela en La Victoria, en el centro de Quito; iba todas las tardes a clases y en la mañana ayudaba a reciclar. Al salir de la escuela estudié corte y confección por un año, porque a ella le gustaba que yo fuera costurera.
Pero a los 12 años ya me independicé para reciclar sola. Empecé a ganar dinero y ahí me dije ya no voy estudiar. No pensé en otra profesión, sino en lo que aprendí de mi madre hasta la fecha de hoy.
Llevaba mis costales y recogía el periódico, botellas de vidrio de salsa de tomate y mermeladas, tarros y papel bond. En ese tiempo no había cartones. Recogíamos ropa usada y zapatos. Con los costales me iba a la calle 24 de Mayo, cerca de la Iglesia del Robo, para vender a las bodegas del centro.
Al ver que ganaba dinero, me gustó este oficio y toda mi vida he sido recicladora. No me da vergüenza porque es como cualquier trabajo, así la gente nos haga de menos o nos discrimine, por buscar en las fundas de basura lo que se puede reciclar.
"No sabía que los recicladores hacíamos economía circular desde siempre. Hace ocho años nos organizamos y nos capacitamos. Ahí entendí que somos gestores ambientales".
Lo que antes se reciclaba
Cuando acompañaba a mi mamá recogíamos solo botellas de vidrio de la leche o agua, fundas de papel que daban en las compras en los mercados y el periódico de EL COMERCIO. Todo eso llevábamos en costales en bus a las bodegas.
Creo que desde hace 40 años empezamos a recolectar las botellas de plástico, las fundas de plástico y otros envases del mismo material. Ahora, se recicla más plástico (fundas o botellas pet), pero también se llevan otros materiales para que la industria los procese.
Con el reciclaje ganamos dinero, aunque no es mucho para vivir. Son de USD 180 a 250 mensuales.
Se capacitó y aprendió
Antes yo no sabía que mi trabajo era importante. No sabía que reciclar era una manera de evitar que el plástico fuera a los ríos, al mar o se quedara en las calles.
Cuando conocí a la Red Nacional de Recicladores del Ecuador (Renarec) me preparé y aprendí que somos los que recuperamos los empaques o los envases que la industria pone en el mercado.
Me di cuenta que antes no había tanta basura ni tanta población. Ahora hay un sobreconsumo que genera muchos residuos.
Estuve dos años como presidenta de la Renarec y viajé a otros países para conocer cómo son los recicladores allá. Fui a Italia, Argentina, Bolivia y Panamá. Conocí que allí también luchan por ser reconocidos y por sus derechos.
Nosotros nos vemos como cualquier trabajador, que tenemos derechos, que necesitamos estar afiliados y tener una jubilación.
Tengo más conciencia de que nosotros prestamos un servicio al recoger, clasificar y entregar el material para la industria.
Ya no soy presidenta de la Renarec, pero soy la secretaria. Nosotros luchamos por más de 20 000 recicladores que hay en el país. Ya estamos certificados por el MIES y queremos que nos incluyan en los programas de reciclaje de los municipios y de las políticas públicas.
He dado toda mi vida al reciclaje. Soy una mujer, madre, luchadora y motivada. Soy parte de la Asociación por un Futuro Mejor, donde somos 10 personas. Quiero que la gente tome conciencia y no bote tanto plástico que contamina”.
Betty Jumbo R. Editora (I)
Foto: Julio Estrella
‘Una injusticia contra mi familia hizo que me decidiera a estudiar derecho’
MAYRA GUALLI CUJILEMA, ABOGADA
Profesional del Derecho indígena de nacionalidad Puruhá. Miembro activo del Movimiento Indígena del Pueblo Kichwa de la Costa, Mopkice, y parte de la firma jurídica CJK-Abogados
‘Yo estudié en un colegio particular en Playas. Mis compañeros eran de la Costa y niños extranjeros. Yo estaba aprendiendo kichwa, mi madre me estaba enseñando, pero no sabía mucho.
Un día estaba hablando y fui objeto de burla y sentí mucha vergüenza ese momento. Me decían que hablara raro, que era muy jocosa la música que escuchaba y muy rara la ropa que usaba.
Sentí que nadie me protegía, guardé todo para mí y me silencié. Decidí que hasta allí había llegado mi experiencia de hablar en ese idioma en la escuela.
Mi mamá dijo que no me iba a enseñar más, porque no quería que se burlaran de mí. Creo que no lo supieron manejar los profesores, porque era la única en el grado y en la escuela... la única niña indígena en toda la escuela.
Ahora me da orgullo mi prima, que también es indígena; ella es la presidenta de esa escuela.
Romper el silencio
Ya en la adultez entendí la importancia de definirme. De saber que detrás de mí hay una cultura muy bonita e importante, que tenía que rescatar.
Volví a hablar en kichwa cuando salí del colegio, ya cuando iba a la universidad. Lo hablo, pero no lo escribo, eso no he aprendido.
Me ayudó saber que teníamos una Constitución en la que se decía que Ecuador era un Estado multicultural y plurinacional. Sentí que el Estado tenía más interés en nosotros, en mi cultura.
Si el Estado tiene interés, ¿por qué yo no iba a interesarme por mi nacionalidad y mi cultura?.
Hasta ese momento vestía mi ropa ancestral en reuniones familiares, en la calle iba con jean y camiseta. Comencé a valorar el tema de respetar mi vestimenta, las alhajas y andar pulcra. Es una vestimenta muy bonita y muy costosa.
"A la niña que fui le pediría que no se sienta mal por las burlas que recibía en la escuela, que le faltó un poco de protección. La abrazaría y le diría que su vestimenta la hacía ver hermosa".
Nace la militante
Pensándolo bien, todo empezó a raíz de problemas legales que tuvimos. Tenía 18 años y no sabía qué estudiar. Mi familia estaba pasando por un proceso legal.
Una fiscal de Playas, en rueda de prensa, dijo que cómo era posible que mi familia, que llegó con un saco de papas ahora tiene lo que tiene. Que cómo era posible que mis abuelitos habían pasado solamente en el mercado vendiendo
y que ahora tenían todo lo que tienen en Playas.
Eso me dio impotencia. El proceso estaba viciado, se cometieron muchas injusticias, por eso escogí estudiar Derecho y allí me interesé por el tema de defender a las personas.
Ahí tuve que migrar a Guayaquil, porque en Playas no había una Universidad para estudiar. Vine con mi hermano, que también es abogado como yo.
Discurso oficial
Las autoridades nos invisibilizan. Siempre ha habido ese dualismo de Costa y Sierra, de que Costa y Guayaquil no se involucran con los indígenas, pero olvidan que estamos aquí, estamos en la Costa.
Por eso es que tenemos el Mopkice. Ellos quisieron deslegitimar a nuestra organización. Pero nosotros estamos organizados y no somos vándalos, como dicen.
El indígena viene a trabajar, a contribuir con esta ciudad, que le abre las puertas. El indígena es comerciante, genera trabajo.
A nosotros, desde niños, nos enseñaron a trabajar. No nos obligan, nos inculcan a trabajar desde pequeñitos. Cualquier negocio que tengamos lo hacemos bien y con muchas ganas.
Más interés
Ahora la gente se interesa un poco más. En tribunales me preguntan de la cultura, del idioma.
El idioma kichwa se ha aprendido oralmente de generación en generación. Es difícil para un mestizo aprender el kichwa, porque no hay dónde; pero si tiene voluntad, lo aprenderá”.
Mario Naranjo. Editor (I)
Foto: Enrique Pesantes
‘Mi madre nos enseñó que el trabajo siempre ayudará a salir adelante’
MARÍA ROSARIO YUGCHA, COMERCIANTE
Conforma la tercera generación de vendedoras de comida típica en el parque Navarro, en La Floresta. Allí trabaja con dos de sus cuatro hijos, a quienes les enseña la perseverancia y el esfuerzo.
‘Tengo 60 años. Trabajo desde los 12 años con mi madre. Ella nos inculcó que el trabajo era muy valioso para sobrevivir y así lo hemos hecho. Ella también trabajó para hacernos estudiar, pero tiempos atrás el estudio no era tan importante. Lo que más nos inculcaba era el trabajo, porque de eso vamos a vivir y no nos faltará para el pan del día.
Somos cinco hermanas mujeres y un varón. Las cinco trabajamos aquí. Nos hemos organizado poco a poco hasta donde estamos hoy. Empezamos en el parque de arriba de La Floresta.
Obstáculos en el camino
Antes éramos muy perseguidas. Nos quitaban los productos y no nos devolvían. Años atrás hasta nos metían presas, nos hacían dormir en celdas como delincuentes.
Nos han cerrado las puertas en el Municipio, no nos han querido dar la palabra. Pero últimamente recibimos capacitaciones, nos han orientado y ayudado a mejorar.
Antes, este parque era solo tierra. Cada Alcalde trata de ayudarnos, todos los que han pasado nos han ayudado con un granito de arena, y les agradecemos.
Hemos hecho todo lo posible y nos hemos endeudado para cada vez ir mejorando el puesto de trabajo. Yo tengo cuatro hijos varones, de los cuales dos están trabajando aquí conmigo. Y así nos desenvolvemos ahora y esperamos que sea bueno para nosotras, las mujeres que trabajamos con nuestros hijos aquí.
"A mis hijos les digo que trabajemos hasta cuando se pueda, y de ahí, el tiempo lo dirá. Tendremos que buscar otra forma para trabajar y sobrevivir, hasta cuando Dios nos quiera tener aquí".
Apoyo en familia
Sí me ha ayudado este trabajo. Es sacrificado y mis hijos han arrimado el hombro; ha servido para el estudio de ellos también, no les ha faltado el pan.
Trabajo desde la mañana, haciendo las cosas, los preparados. Estamos desde las 15:00 hasta las 22:00, todos los días. Cada segundo día de cada mes, descansamos.
Mi esposo también me ayuda, todos sabemos el valor de cooperar. Vivo por el sur, en el sector de La Ferroviaria, pero nací aquí en La Floresta. Mi madre tiene una casita y aquí ha sido todo.
Hemos tratado de ir poco a poco mejorando. Ojalá, y porque los clientes nos lo piden, nos pongan unas viseras, porque cuando llueve nos mojamos.
Crecimiento constante
Yo empecé vendiendo mote con tripas, en canastos, con baldes de carbón y en el piso. Ahí venían los municipales, nos quitaban las cosas; tratamos de tener baldes más grandes para tratar de vender paradas y así hemos ido aumentando y mejorando. Claro que también nos costó. Los que no teníamos, nos tocó hacer créditos.
Vendo el plato ambateñito (tortillas con chorizo) y tortillas con caucara. Como hay turistas propios y extranjeros vienen hasta por platos vegetarianos.
El trabajo es muy importante, porque si es que no trabajo yo o ellos (hijos) ¿de qué vivimos?
Como en todo negocio hay días buenos y malos. La lluvia nos perjudica bastante; no tenemos dónde escampar. Ahí nos va mal y no se vende. Como tenemos unos familiares que tienen chanchitos nos toca darles a ellos (la comida). Por eso los clientes nos felicitan, porque tenemos comida del día.
Un ejemplo para otras
A todas las mujeres les diría que tratemos de organizarnos, de pedir ayuda al Municipio y que nos apoye como mujeres, madres y esposas, y hasta abuelas, porque yo también soy abuela. Antes decían que la esposa era solo para la casa, pero ahora no podemos darnos ese lujo. Tenemos que trabajar y para llevar algo de comer a la casa.
Mamá nos inculcaba que debemos trabajar; ‘trabajando han de vivir’, nos decía. ‘De repente si consiguen un marido que sea -como vulgarmente ella decía- un borracho, a esa persona se le bota y trabajen’. Y aquí estamos. Ella fue la fundadora de todo esto”.
Andrea Medina. Coordinadora (I)
Foto: Julio Estrella
‘Me gusta mucho escuchar anécdotas, esas historias las llevo en el corazón’
PIEDAD PALACIOS, TAXISTA
Durante las carreras que realiza a diario, esta taxista ha tenido que ser cupido y confidente. Las historias que más le gustan son las de los adultos mayores, porque tienen muchas anécdotas.
‘Me inicié en el mundo del taxismo hace 11 años, cuando me quedé sin trabajo. Como yo sabía conducir, le pedí a un amigo que me prestara su auto para hacer carreras. Empecé en la informalidad. Le hacía luces a la gente que estaba buscando un taxi, pactábamos el costo de la carrera y les llevaba. Después me puse a trabajar por dos años de chofer y con lo que ahorraba pude comprarme el carro y mi propio puesto. Trabajo en una cooperativa que brinda servicio en un Santa María.
Mi jornada laboral empieza a las 07:00. Salgo de casa y voy buscando alguna carrera, si es que la encuentro ya no me voy a la base y me quedo trabajando hasta las 10:00, cuando busco algo de comer. Los lunes tengo el ritual de comprar la colada de churos, si no como esa sopa siento que toda la semana me va mal. Es una tradición que tengo.
Luego regreso a la base y espero mi turno hasta llegar a la puerta del Santa María con alguna carrera que me saque a la ciudad. Si no hay gente, me voy a buscar alguna carrera en la Simón Bolívar. En la tarde, tipo 16:00, si mi esposo está en casa regreso para almorzar con él; si no, me espero hasta la noche para merendar juntos. Muchas veces solo tengo una comida en el día, los días más afortunados son cuando como dos veces.
Ser taxista ha sido duro, porque el machismo es muy fuerte en las calles cuando conducimos. Te botan el carro, te insultan, te dicen que te vayas a la cocina, no ceden el paso, pero si tú no les cedes el paso te insultan. Aun así, no le he temido al trabajo y no he bajado mi guardia. Somos pocas mujeres, algunas más arriesgadas, otras que les cohibieron por tanto maltrato psicológico y optaron por dar el carro a otra persona. En mi compañía hay 10 mujeres, pero de ellas cuatro manejan su carro y el resto ha contratado un chofer.
Soy la única mujer que convive con los demás compañeros hombres en el aspecto deportivo. Conmigo juegan vóley y fútbol. Hicimos un grupo de 36 personas y soy la única mujer. Nunca ha habido una ofensa de parte de ellos. En el campo laboral he encontrado el apoyo de ellos.
"La mejor experiencia que me llevo de esta profesión es conocer a muchas personas, que me han contado sus vidas en el trayecto de una carrera y me han hecho su confidente".
Las preguntas de siempre
Los clientes se admiran al verme. Muchos me han dicho que es la primera vez que una mujer les lleva en un taxi. ¡Qué bueno que se arriesgue a dar este servicio!, me han dicho algunos. Otros me preguntan qué hace mi esposo y por qué él no trabaja en el taxi en lugar mío. Hay de todo. Críticas buenas y malas. Hay personas que te dejan buenos deseos y me dicen que siga adelante; otras, que no me arriesgue y que me busque otro trabajo.
La mejor experiencia que me llevo del taxismo es el conocer a muchas personas que me han contado su vida en el trayecto de una carrera. A veces me ha tocado hasta ser cupido de los clientes. Dar el servicio a los adultos mayores me agrada mucho, escuchar sus anécdotas, porque son vivencias únicas que me llevo en mi corazón.
Me gusta mi trabajo porque puedo poner mi horario. Puedo salir a la hora que yo quiera y regresar a la hora que quiera, incluso hay días que no trabajo, para cuidarle a mi nieta. Pero estoy empezando a cansarme y quisiera buscar otro trabajo, sobre todo por el tema de la delincuencia.
Antes, los viernes y sábados hacía velada, salía a las seis de la tarde y regresaba a las seis de la mañana, porque no era peligroso; pero ahora máximo a las nueve de la noche ya vengo a mi casa, porque da miedo. Ni siquiera en la base en la que opero es seguro, porque a veces viene gente infiltrada que te asalta. A mí no me han robado durante una carrera, pero sí se llevaron mi celular y mi dinero mientras estaba en un semáforo.
Mi sueño es tener mi propio negocio. Quisiera montar un minimarket, donde venda de todo, desde papelería hasta alimentos. Ya estoy buscando vender mi taxi y el puesto para cumplirlo’.
Redacción El Comercio. (I)
Foto: Julio Estrella
‘Le cuento al mundo que también estoy haciendo paz a través del teatro’
SARAH LUNA ÑUSTES, EXCOMBATIENTE DE LAS FARC
La discriminación es uno de los primeros obstáculos que les impide hablar de su pasado. Ella no solo habló de su historia con este Diario sino que le cuenta al mundo a través del arte.
‘Vivía en Bogotá. Por un círculo de amigos me enteré de las dinámicas internas y fui a la selva a un curso de seis meses. A los tres de estar allí decido quedarme. Me gustó el trato, la solidaridad, el compañerismo y la camaradería. Además de cursos de política e ideología, recibí otros de orden militar. Abrí los ojos a esta realidad y decidí que la opción de las FARC era viable para mí.
Allá era mucha disciplina para cuidarnos todo el tiempo. Si llegaba la remesa -la comida- tenía que estar lejos en cuarentena, como le decíamos nosotros. Pero esta no era de 40 días sino de tres meses. Después tocaba revisar cada paquete, sacar el café de las bolsas o chuzar el jabón. Llegamos a encontrar microchips en las lentejas, en la ropa, en las botas. La forma de encontrar al mismo camarada ‘Mono Jojoy’ fue por un microchip en los zapatos que él usaba. No logramos detectarlo. Su enfermero lo traicionó.
La reincorporación
En algunos momentos ha sido difícil, feliz en otros y esperanzador también. Definitivamente la mejor opción que pudimos haber tomado: el hacer este proceso de reincorporación a la vida civil de manera colectiva. Firmar la paz.
Tomé la decisión de ser completamente abierta con este pasado del que no me arrepiento, pero que sí genera inseguridad. La mayoría de compañeros no le cuentan a nadie por el rechazo y la discriminación. Algunos salen de la clandestinidad para volver a estar clandestinos.
El momento más crítico fue el de pensar: ¿Qué voy a hacer? Sí, la guerra tiene muchas incertidumbres, cualquier momento puedes perder la vida, pero en sí ya sabes lo que hay que hacer y tienes una perspectiva del futuro. Uno bastante corto porque uno de guerrillero nunca piensa llegar a viejo. Hay que ser muy de buenas.
"La primera vez que me subí a un escenario, recuerdo que era muy peque, fue para una obra en un colegio. Ese día me sentí tan bien que dije que eso era lo que quería hacer toda la vida".
Volver a nacer
Siento que ha sucedido 3 veces. Una cuando nací. Otra cuando llegué a las FARC, que fue una vida nueva, otra familia, otro nombre, volver a aprender todas las cosas básicas. Y el tercer nacimiento cuando vuelvo, que tomé lo mejor de mis dos vidas para empezar una nueva.
La actuación
Cuando era peladita, antes de entrar a las FARC, alcancé a hacer unos cursos de teatro. Años después, en la delegación de paz en La Habana tengo interlocución con artistas de diferentes áreas por un programa que creé en el noticiero: RevelArte. Ahí, y ante la inminente firma de la paz, vuelve a surgir la idea de ser actriz, pero de manera profesional. Entonces decidí entrar a la Universidad Distrital, a la Facultad de Artes.
Y vienen las obras. En una de ellas, que hago con otra compañera excombatiente, hablamos de lo que más se hacía en el monte, que no era solo la guerra. Había más convivencia, contacto con nuestro hogar: la naturaleza y preparación política e ideológica.
También hablamos de cómo las mujeres no fuimos violadas, maltratadas ni esclavizadas sexualmente en las FARC sino que somos agentes políticos que nos integramos por convicción y que estamos luchando por una causa revolucionaria. Planteamos la reafirmación de que los acuerdos de paz no son solo para las FARC o los excombatientes sino que son, sobre todo, para Colombia”.
María José Aguilar S. Redactora (I)
Foto: Cortesía Sarah Luna Ñustes
Mujeres de la ruralidad quiteña lideran procesos sociales y culturales
La gestión y preservación de saberes son puntales en parroquias, como Alangasí, Llano Grande, Nayón y Pacto. Hay propuestas de colectivos femeninos que han llegado, incluso, hasta Europa.
Guardianas de saberes ancestrales, agricultoras, lideresas, gestoras, maestras, comerciantes... Son las mujeres de la ruralidad quiteña, que impulsan propuestas sociales y culturales, en medio de la discriminación.
El Registro Interconectado de Programas Sociales (RIPS) determina que en las parroquias rurales de Quito existen 317 650 mujeres, con corte al 2022.
El Ilaló es el protector de 60 integrantes de la agrupación Warmy Ruco, que se conformó oficialmente hace cinco años. Claro que Jenny Pilaquinga, coordinadora, alude a un proceso que ha tomado dos décadas de luchas.
Las mujeres han conseguido la preservación de saberes, como la medicina ancestral, así como la regularización del barrio Pasaje El Mirador. Se suma el trabajo social con adultos mayores en espacios como El Tingo.
Patricia Trujillo, de 62 años, es la coordinadora de la última actividad y gestiona servicios y actividades para 50 personas.
"Somos cabezas de hogar, madres, mujeres que hemos sacado adelante a la parroquia y familias". Jenny Pilaquinga / Gestora
La parroquia Alangasí es la sede del grupo y se han sumado mujeres de sitios como La Merced y Sangolquí. La danza ancestral las juntó y las batallas sociales las mantienen unidas. Potenciar el primer nexo las llevó a recibir el reconocimiento por el empoderamiento de la Mujer en la Danza Ancestral, en Uruguay, en diciembre de 2022.
En el eje de liderazgo, Olga Chávez, de 68 años, estuvo a la cabeza de la gestión de la regularización de Pasaje El Mirador. Ella nació en Carchi y llegó a Los Chillos en busca de un sueño: un terreno propio para levantar su casa.
Se topó con rechazo en las instituciones. “Me subestimaron”. Luego de cinco años de trámites, de la mano de gente que la apoyó, en el 2016 se concretó la legalización del hogar de 30 familias.
La Secretaría General de Coordinación Territorial y Participación Ciudadana del Municipio ha identificado 83 lideresas en la zona rural de Quito. De ellas, 63 son coordinadoras de asambleas barriales en parroquias, 11 presidentas de comunas y nueve presidentas de GAD. En Quito, 33 de las 65 parroquias son rurales.
El Registro Nacional Agropecuario (RNA) incluye 68 organizaciones de zonas rurales con presencia femenina y con personería jurídica en el Ministerio de Agricultura y Ganadería. Una de estas es netamente de mujeres y las otras, mixtas.
Sin olvidar que también han surgido organizaciones como la Red de Mujeres Rurales Diversas del Ecuador y muchas otras.
"Somos hijas del maíz, de la tierra que nos vio nacer, somos fuerza y coraje, labrando caminos para las familias". Mónica Simbaña / Kinti
Nuevas rutas
Si bien la agricultura es una actividad primordial, no es la única. Por ejemplo, en las filas de Warmy Ruco están docentes, comerciantes, gestoras, abogadas, artesanas, transportistas y más.
Jenny, a su vez, es integrante del Consejo Consultivo de Mujeres Rurales de Quito. En este participan representantes de 10 parroquias. Se trata de una instancia de apoyo y asesoramiento en el diseño e implementación de políticas públicas. La consigna es mejorar la calidad de vida en el ámbito económico, de derechos, etc.
La coordinadora también es gestora cultural. Ella es una de las 20 integrantes del grupo que participan activamente en las coreografías, ensayan los domingos, en el complejo deportivo El Tingo. No ha sido fácil, reconoce, las han criticado y menospreciado.
De todas formas, se han presentado en varios escenarios, incluyendo festivales impulsados por la Casa de la Cultura Ecuatoriana.
Además, replican lo aprendido desde las abuelas y las madres. Piedad Morales, de 43 años y nativa de La Merced, combina su profesión de chef con la medicina y los sabores ancestrales.
Se denomina guardiana de los saberes, de aquellos conocimientos que un día “hicieron que nuestras abuelas sean perseguidas y llamadas brujas”. Ella está orgullosa del legado.
Lo propio pasa en Pacto, con Las Yumbas y en Nayón, con Yuyay, saberes y pensamientos de la ruralidad. Cada integrante impulsa parte de la historia de las localidades rurales de Quito.
En Llano Grande está Kinti, taller de bordados, que surgió en el 2014 como un proyecto de investigación, comunicación y desarrollo. Mónica Simbaña es la facilitadora. Son 22 integrantes y se juntan cada domingo para aprender y compartir el oficio tradicional.
Kinti se replica en Madrid-España, con 20 migrantes oriundas de la comuna del norte de la capital, con Adriana Simbaña a la cabeza.
En Quito, María Muzo, de 100 años, es un emblema del grupo. Es una de las denominadas tías, pionera en el bordado y maestra. A Mónica, desde pequeña, incluso, le enseñó a raspar los pencos negros para obtener tzawar mishki (bebida ancestral).
Olga resume el caminar de cada mujer en una frase: “Somos capaces y lo demostramos con trabajo”. Ella invita a ejercer el liderazgo cada día, sin olvidar las raíces y las nuevas metas.
APOYO
Súper Mujer Rural. El Ministerio de Agricultura cuenta con líneas de crédito de apoyo para el desarrollo de las actividades de la mujer rural de Quito, mediante un acuerdo con BanEcuador. Es para personas naturales con huertos familiares o granjas agrícolas y pecuarias.
Características. Desde USD 500 hasta USD 10 000. El plazo es hasta 5 años para activos fijos y 3, para capital de trabajo. El periodo de gracia, hasta dos años. Tasa de interés: 12,25%.
Ana Guerrero. Redactora (I)
Foto: Julio Estrella
‘Las que alzan la voz y muestran sus pechos hacen un camino por nosotras’
MARIE-FRANCE MERLYN PSICÓLOGA. PROFESORA DE LA POLTIFICIA UNIVERSIDAD CATÓLICA DEL ECUADOR
Las marchas feministas generan controversia en algunos sectores sociales, incluso temor entre algunas mujeres y los hombres, que pudieran aliarse al feminismo.
El miércoles, 8 de marzo, será el Día de la Mujer. Habrá movilizaciones. Por otra parte, hay mujeres que reconocen la discriminación, pero no militan.
Tal vez esas mujeres no hablan muy alto o no hacen activismo en muchos casos por falta de tiempo, pero también por miedo. Quizá no quieran verbalizar en voz alta que son feministas porque tienen miedo de lo que esto implica en el trato con el otro. Ser feminista genera muchas cosas en el imaginario del otro ya que le predispone negativamente. Ayer les decía a mis estudiantes que, si no quieren tener novio, lo primero que tienen que decir es que son feministas. Salen huyendo porque los hombres tienen miedo a las feministas, por desconocimiento, por todos los estereotipos. El miedo de las mujeres de sectores más desfavorecidos no es a la palabra feminista; es más un miedo al hombre.
Pese a todo lo que ha pasado.
Últimamente todo se ha vuelto un acto político. El feminismo puede estar en varios lugares, pero es un feminismo encubierto. Algunas mujeres están conscientes de que quieren la igualdad pero no hacen política. Es un momento superálgido porque los hombres no han logrado reconstruir masculinidades flexibles y adaptables en muchos lugares. Los hombres sienten que están perdiendo y no quieren ceder. Y las mujeres sienten que tienen que ponerse en oposición para ganar los espacios que anhelan.
Hay hombres que están en la lucha personal por liberarse de las estructuras heredadas.
Justamente lo interesante ahí es tener esta potencialidad de aprender. Creo que no todos los hombres quieren aprender. Se necesita que sean los aliados del feminismo, que tengan una mayor apertura para dejar esos espacios que son suyos para ganar otros que no lo han sido y que son por tradición de las mujeres.
"Se necesita que sean los aliados del feminismo, que tengan una mayor apertura para dejar esos espacios que son suyos para ganar otros que no lo han sido".
¿Por qué no lo hacen?
No los ven como espacios cotizados, como pueden ser la emocionalidad, el cuidado, la crianza de los hijos, la ternura, que les son negados desde chiquitos. No ven que están perdiendo la capacidad de relacionarse de mejor manera con los demás: pareja, amigos, hijos.
En lo político y los temores, hay mujeres que dicen no sentirse representadas por las activistas del feminismo.
Las mujeres que piensan que también pierden creen que la lucha feminista está ubicada en ciertos lugares en donde en realidad no está. Estas manifestaciones en que la mujer alza la voz son importantes porque la mujer tradicionalmente no lo ha hecho. Históricamente ha tenido la voz callada, silenciada, incluso en el espacio del hogar. Con esta manera de actuar, con ropas provocativas, lanzando pintura a los monumentos, rompen esquemas de la mujer tradicional. Algunas dirán que no se sienten representadas porque no se parecen a ellas.
Eso es posible...
Pero se desvirtúa lo que está detrás de la manifestación. Es como una especie de choque entre las activistas y las que están viendo el activismo. Sin embargo, todas nos vemos beneficiadas. Quizás en mi caso particular, no. Yo, mujer de 48 años, no seré violada, quedaré embarazada y no tendré que recurrir al aborto, pero otras mujeres, sí. Las que alzan su voz, dan la cara, muestran sus pechos, hacen un camino por mí, por nosotras. Muchas mujeres no reconocen que los derechos que tenemos actualmente provienen de las luchas feministas.
"No he visto mucho que se hable sobre la dualidad de la mujer moderna: tiene que mantener su rol tradicional; al mismo tiempo, tener ese espacio masculino".
Es lo que pasa con el aborto. Piensan más en aquellas que no tienen recursos y han sido violadas sistemáticamente por personas de su entorno.
Ayer vi un meme que decía que todas las feministas que son proaborto cuando se quedan embarazadas, tienen hijos, como si se tratara de una hipocresía. Si milito, tengo que practicarme un aborto. Pero no es una lucha individual, personal, sino porque las mujeres que tienen menos recursos accederán a abortos clandestinos con muchos más riesgos. La mujer de clase media que, cuando queda embarazada -así no haya sido proaborto pero no le conviene tener al hijo por circunstancias personales-, puede tener recursos para una práctica segura.
Nos volcamos a hablar de las mujeres, de la violencia de género. ¿Hay algo de lo que no se habla?
No he visto mucho sobre la dualidad de la mujer moderna: tiene que mantener su rol tradicional; al mismo tiempo, debe tener ese espacio masculino. Antes era solo el doméstico; ahora los dos, que no son compatibles a veces. Si la mujer quiere ser excelente profesional, debe abandonar de alguna manera algo de lo doméstico. Es una carga mental muy grande. Ningún patrón verá con buena cara que una mujer diga que solo puede trabajar hasta las 16:00 por los hijos. Entonces le dicen que tiene que escoger; está “compitiendo” con las mismas reglas. De eso no se habla; se ha naturalizado. Todas las chicas estudian, todas tienen que hacer carrera, algunas se casarán y estarán entrampadas en esta no compatibilidad. Las chicas ahora resuelven eso de una manera pragmática: no se casan, no quieren tener hijos.
Santiago Estrella. Editor (I)
Foto: Carlos Noriega
Sharon Meza es la ‘dura’ de la representación de deportistas
La abogada guarandeña fundó una agencia que da servicios a atletas, luchadores, boxeadores, futbolistas (mujeres y hombres). Representa a los atletas David Hurtado y Jonathan Amores, a la patinadora Gabriela Vargas...
Irrumpió en un negocio que lo manejan solo hombres. Se encontró con prejuicios que la quisieron amilanar, tratando de alejarla de ese mundo de los representantes de futbolistas y deportistas.
Hubo abogados de clubes de fútbol que le decían que era difícil que una “mujer se sostuviera en esa actividad”. Ella prefiere olvidar ese escabroso episodio de sus inicios en la abogacía, en los que identificó estos prejuicios para que una mujer se vinculara al fútbol. Eso le dio fuerza para revertir la situación y ponerse metas.
Los pómulos de su cara se tornan rojos por centésimas de segundos al recordar esos capítulos que vivió en los pasillos de la Federación Ecuatoriana de Fútbol (FEF), en Guayaquil, y de la Asociación de Fútbol no Amateur de Pichincha, en Quito.
Ella es Sharon Meza. Una abogada guarandeña, hincha de Barcelona, que reside desde su etapa universitaria en Quito, trabajó en El Nacional como asesora jurídica y llevó casos de futbolistas que reclamaban sus salarios atrasados y no les entregaban los finiquitos de sus contratos.
En esa época, en el año 2019, 11 futbolistas del Jet de Tabacundo, de la Segunda Categoría de Pichincha, no pudieron cobrar sus salarios de todo un año.
Ese mundo la asustó, pero al mismo tiempo le dio el impulso que buscaba para replantearse su función de agente o representante de futbolistas.
"La representación de futbolistas y deportistas de otras disciplinas es una área manejada por hombres. Yo soy justa con los que represento". Sharon Meza
Fundó una empresa
Sharon se vinculó al fútbol. Hizo un masterado en Derecho Deportivo en Madrid, también completó un diplomado en Gestión Deportiva con la FIFA…
En su función de asesorar a futbolistas fundó una empresa de gestión deportiva para ofrecer un portafolio más amplio de servicios, como marketing, patrocinios, asesorías legales…
Trabajó ocho meses en el departamento legal de El Nacional, club que aún le adeuda dinero por sus servicios. Es hincha del Barcelona Sporting Club, en el cual integró una comisión para una auditoría forense que le hicieron a la administración de la presidencia de José Francisco Cevallos.
Su vínculo con el club torero aún se mantiene porque integra el Tribunal de Apelaciones.
Su empresa es la primera agencia que tiene mixtura de futbolistas con deportistas de
otras disciplinas, como lucha, atletas de marcha, lucha grecorromana, boxeadores…
Eso le da un plus y le ha abierto otras opciones para que la busquen otros deportistas para que los represente.
Una especie de mamá y papá
El grupo de trabajo de Sharon está pendiente 24/ 7 de los deportistas. “Facilitarles la vida a los deportistas”, así lo resume ella.
En su lista de representados están los marchistas David Hurtado y Jonathan Amores, la patinadora Gabriela Vargas, el boxeador Jean Carlos Caicedo, la luchadora Luisa Valverde y Jeremy Peralta, de lucha grecorromana. A ellos se agrega un grupo de futbolistas mujeres y hombres.
La empresa de Sharon les da asesoría legal, los representa, los ayuda a conseguir patrocinios, les da servicio médico, psicólogo, les enseña a comunicarse o exponer su imagen ante la sociedad. Hacen de todo un poco, hasta sirven de apoyo para temas personales.
En varias ocasiones, ella y su grupo de apoyo se han levantado a las 03:00, porque los deportistas suelen llamarlos por apuros de visas de ingresos a otros países, para contarles sus triunfos, derrotas o sentirse apoyados.
La luchadora Luisa Valverde es una de la lista. Ella pasó apuros porque no contaba con una visa para ingresar a Túnez, el año pasado. “Estamos 24/7 pendientes de ellos, hasta les entregamos la lista de sustancias prohibidas en el deporte porque siempre es necesario recordarles, por distintas razones”, admite Sharon.
Ese mundo de representar a los deportistas también la ha obligado a conocer de todo un poco, el entorno de ellos, acercarse a sus familiares, a los amigos, como una forma de empaparse del ambiente en el que se desenvuelven.
Sharon también ha ido aprendiendo cómo tener un mejor ‘feedback’ con los deportistas.
Los reparos
Su experiencia en el fútbol le enseñó a tomar mejores recaudos, decisiones y sobre todo tratar mejor a los deportistas. En ese camino se encontró con decenas de voces de futbolistas que le contaron que estaban atados a agentes porque habían cedido hasta el 75% de todo lo que recibían económicamente, algo que para ella es un abuso.
La gestión de ella es vista con agrado por los deportistas. Uno de ellos, David Hurtado, campeón panamericano de marcha atlética y el primer clasificado a los Olímpicos de París 2024, le dice ‘La Jefa’. Ella está pendiente de nosotros todo el tiempo, es como nuestra madre”, reconoció el atleta a este Diario.
Sharon es inquieta, le gustan los desafíos y se ha propuesto romper esos estereotipos de un mercado que usualmente lo lideraban los hombres.
HOJA DE VIDA
Sharon Meza nació en Guaranda (Bolívar). Tiene 33 años. Se graduó de abogada en la Universidad Central, en 2015. Integra el Tribunal de Apelaciones del Barcelona SC.
Hizo una maestría en Derecho Deportivo en Madrid; también un diplomado en Gestión Deportiva, que incluyó comunicación y marketing deportivo, gestiones e instalaciones deportivas.
Tito Rosales Cox. Editor (D)
Foto: Carlos Noriega
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