Leonelson Tascón Chiripua, docente de la comunidad de Taparalito, zona rural de Litoral del San Juan, explica: “nos hemos debilitado culturalmente porque para ir a conseguir los materiales ya no es fácil ir al monte, por ejemplo, para ir a cortar el palo de Jagua tenemos que ir allá y labrar y traer, pero ya los viejos por temor no han podido salir, igualmente para ir a conseguir la pintura corporal, uno busca la parte más cerca y trae en el día, [porque] para nosotros la pintura es protección”. Concluye: “hemos resistido dentro del territorio porque dejando el territorio libre ellos entran con más facilidad”.
Carlos Victoria Díaz, integrante de Acadesan y habitante de Corriente de Palo indica: “el conflicto armado en Colombia no va a acabar, ese no va a acabar porque ese no nació ayer, pa’ la historia que yo he visto no nació ayer, pero sí se puede lograr que los que están en el conflicto armado, los que están en la guerra, ellos no son un árbol, ellos no son un objeto, ellos son personas igual al que está hablando, ellos ingresan a la guerra desde las mismas familias, ellos tienen mamá, tienen papá, tienen hijo, entonces ellos, más que ellos no sabe nadie, que así como a ellos les duele cuando tienen un accidente, así también nos duele a nosotros cuando nos ponen en estas condiciones, entonces lo que yo les pido es de que dialoguen”.
Hugo Neth, comisionado de juventudes de la Mesa Permanente de Diálogo y Concertación de los Pueblos Indígenas del departamento del Chocó, agrega: “desde que la guerra empezó en el año 90 el problema ha sido muy serio con las juventudes, ¿por qué?, porque a las juventudes nos han perseguido como un objeto, porque realmente ellos tienen poco desarrollo de ideas y a ellos les parece todo lo que un grupo armado le proponga, eso conlleva a que las juventudes indígenas –y no solo a indígenas– a tomar otras decisiones: quizá acabar con la vida, o quizá irse con ese grupo al margen de la ley obligados.” Y hace un llamado: “las instituciones garantes deben colocar realmente la lupa sobre estas comunidades, [por]que cada día nos atropella una guerra que no nos pertenece, en general en el departamento de Chocó, no solamente río San Juan, sino Atrato y Alto Baudó. […] Nosotros como Embera en todo momento nos afecta, no estamos prestos de seguir viviendo así”.
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Santiago Ramírez Marín / La Cola de Rata