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Ali #DesplazamientosApatridas

En 2002, a la edad de 7 años, Ali viajó por primera vez a España, desde los campamentos de refugiados de Tinduf, en el marco del programa Vacaciones en Paz, que consiste en acogida de menores saharauis por parte de familias residentes en España durante los meses de verano. A través de este programa conoció a su “familia española”, como él la llama, quien se ha convertido en un pilar fundamental para superar los retos que se le han ido presentando por su condición de apátrida, acompañándolo no solo durante los 5 veranos de Vacaciones en Paz en Jaén, sino también en las posteriores etapas de su vida.

Para realizar ese primer viaje a España, Argelia emitía un pasaporte colectivo para el grupo de menores que participaban en el programa. No fue hasta 5 años más tarde que Ali adquirió un pasaporte individual, emitido también por las autoridades argelinas. “Esto no significa que tenemos nacionalidad argelina. Un número específico en este pasaporte nos diferencia saharauis. Y las autoridades españolas saben que no es una nacionalidad, que sirve solamente para entrar en el territorio, nada más”, explica.

Cuando hablamos sobre nacionalidad, recuerda su época de estudiante y su día a día en España: “Te preguntan muchas veces “¿de dónde eres?” y nunca sabes qué responder. Te cuentan que son de Bolivia, que son marroquíes, y cuando llega tu turno tienes que explicar que eres saharaui y que no tienes nacionalidad. Tienes que explicar que eres apátrida, aunque no te sientas identificado con esta definición”. Ali se familiarizó con el término de apatridia una vez en España, donde comprendió también la complejidad del procedimiento para el reconocimiento del estatuto, no solo para las personas que lo solicitan, sino también para la propia administración. Critica que no exista suficiente conocimiento y formación en materia de apatridia, a diferencia de los procedimientos de protección internacional y extranjería, lo que conlleva que las propias personas solicitantes acaben explicando el procedimiento a las autoridades que las atienden.

La primera vez que inició el procedimiento de reconocimiento del estatuto de apátrida lo hizo por vía telemática en 2017, mientras estaba cursando sus estudios de Traducción e Interpretación, del árabe al castellano, en Argelia. “Lo más difícil es rellenar el formulario de solicitud, hay mucha información y no tienes claro qué poner en los diferentes apartados, pero tampoco tienes posibilidad de preguntárselo a un abogado, si no pagas”, comenta Ali. A finales de 2018 le llegó una carta en la que se le indicaba que debía volver a presentar la solicitud y documentación por correo postal, y así lo hizo. Al cabo de unos meses, le llegó otra carta en la que se le indicaba que debía personarse en una de las oficinas de la subdelegación del gobierno habilitadas para presentar su pasaporte argelino original y entregar una copia compulsada, y así lo hizo. Pero un error en la gestión, probablemente debido al desconocimiento de los trámites por parte de la administración competente, supuso que se entregara documentación que no estaba correctamente cotejada y que, consecuentemente, se denegara su solicitud a principios de 2021, a pesar de cumplir con los criterios para ser reconocido como apátrida.

"Te preguntan muchas veces “¿de dónde eres?” y nunca sabes qué responder. Te cuentan que son de Bolivia, que son marroquíes, y cuando llega tu turno tienes que explicar que eres saharaui y que no tienes nacionalidad. Tienes que explicar que eres apátrida, aunque no te sientas identificado con esta definición."

Lejos de desanimarse, con ayuda de su familia de Jaén y el asesoramiento de un abogado, presentó un recurso a la denegación. Pero poco sabía de los largos tiempos de espera para la respuesta a un recurso. La falta de acceso a una asistencia jurídica gratuita durante el proceso, que sí se garantiza en el caso de la protección internacional, implica que en muchas ocasiones las personas apátridas deben gastar importantes sumas de dinero para un asesoramiento no especializado en apatridia. Por otro lado, el trato y la atención en las oficinas competentes recalcan la necesidad de mejorar la formación en materia de apatridia para el personal de las oficinas de extranjería y asilo. “El desconocimiento provoca muchas veces indiferencia y frustración en la propia administración. Me sentía como una molestia cada vez que venía a la oficina para preguntar sobre mi expediente o realizar un trámite relacionado”, comenta Ali. “Ya está otra vez aquí el de la apatridia”, escuchaba que decían.

Pasado casi medio año, por recomendación de otra persona, decide volver a presentar la solicitud. Igual que muchas otras personas que solicitan el reconocimiento de la apatridia en España, en ninguna de las dos ocasiones Ali fue identificado con el documento de identidad de solicitante del estatuto, que autoriza la estancia en el país, a pesar de que la ley indique que se debería proceder de esta manera. En la oficina en la que lo atendieron le dijeron que ya no emitían este documento, aunque no supieron darle un motivo. “Te dan una copia del resguardo de solicitud, con un sello. No pone fecha de validez, ni tampoco ningún número de identidad (NIE), con el cual poder hacer seguimiento de mi caso. Por lo tanto, es un documento inútil, no solo para trámites importantes, sino también para cuestiones simples, como, por ejemplo, el otro día no pude ni rellenar un formulario para obtener un descuento en una tienda”, explica Ali.

Un año y unos meses más tarde, durante uno de nuestros encuentros, Ali recibía la llamada de la abogada de la Comissió Catalana d’Ajuda al Refugiat (CCAR), miembro de la Red Europea para la Apatridia (ENS), para informarle que había recibido respuesta de la oficina referente a su expediente, que ya disponía de resolución. “Contar con una red de apoyo, formada por entidades y personas especializadas en apatridia, es importante. Cuando te sientes desesperado y frustrado, porque no sabes qué hacer o cuánto tiempo esperar, esta red puede aconsejarte sobre el siguiente paso. Hay mucha información escrita, leyes, reglamentos, pero en la práctica todo es diferente. Y cada vez es más complicado. Incluso hay personas que llegan al aeropuerto y necesitan solicitar la apatridia, no les dejan ni entrar, lo que vulnera totalmente sus derechos”.

Ali coincide con la mayor parte de las reclamaciones que hace la coalición española de la ENS para mejorar la protección de las personas apátridas, dando especial importancia a la autorización para trabajar durante el procedimiento. “Puedes esperar y sobrevivir unos meses, pero no puedes vivir dos años, o más, sin trabajar y sin poder cubrir tus gastos y necesidades. Al final haces lo imposible, con los riesgos que eso comporta para tus condiciones de vida y tu dignidad. Pero estás obligado a esa situación”. A pesar de que le hubiera gustado continuar con sus estudios, realizando un máster en España, Ali es consciente que para estudiar necesita tener ingresos, por lo que hasta que no esté resuelto su estatuto y tenga la documentación en mano, no se plantea retomar este sueño. “Además, para apuntarme a cualquier formación, necesito un NIE para el seguro estudiantil. Todo gira en torno al mismo documento que todavía no tengo”, añade.

Ahora que tiene resuelta su solicitud de reconocimiento del estatuto de apátrida, Ali podrá, por fin, ser identificado correctamente y obtener una tarjeta sanitaria. Hasta el momento disponía de un documento temporal que limita su atención médica a situaciones de urgencia. Tampoco sus intentos para ser atendido en la sanidad privada han tenido éxito, ya que le requerían un documento de identidad con NIE y no aceptaban la copia sellada de su formulario de solicitud de apatridia. También podrá, finalmente, abrirse una cuenta bancaria. “Cuando no tienes documentación, ni contrato de trabajo, los bancos te ponen muchísimas dificultades, a pesar de tener un pasaporte extranjero”.

En el futuro, Ali espera que se produzcan cambios, tanto en la gestión administrativa, como en la mentalidad de las personas. “Mis padres tienen nacionalidad española de origen, de cuando el Sáhara Occidental era la provincia 53 de España. Mis abuelos son españoles, nacieron en Canarias. Y aquí estoy yo ahora, esperando años para conseguir que me declaren apátrida, para conseguir un mínimo de derechos, y luego de esperar 10 años, poder solicitar la nacionalidad española, para, al menos, poder votar sobre cuestiones que ya están afectando mi vida. Soy refugiado saharaui. Soy apátrida, hijo de españoles. Son cosas que sobrepasan la lógica”, reflexiona Ali. “Muchas personas apátridas tenemos dudas con el término de la apatridia. Los saharauis creemos en nuestro país, pero no tenemos más remedio que solicitar que se nos reconozca como apátridas. Para tener un futuro, para estudiar, para tener derechos, necesitas una identificación válida, y esta es la opción que tenemos”.

"Soy refugiado saharaui. Soy apátrida, hijo de españoles. Son cosas que sobrepasan la lógica. Muchas personas apátridas tenemos dudas con el término de la apatridia. Los saharauis creemos en nuestro país, pero no tenemos más remedio que solicitar que se nos reconozca como apátridas. Para tener un futuro, para estudiar, para tener derechos, necesitas una identificación válida, y esta es la opción que tenemos."