Hablar con Mohamed no es tener una conversación cualquiera. Reflexiona con profundidad y filosofía sobre el concepto de la apatridia a través de dichos y refranes, que le dan un toque distendido a una realidad tan compleja como es la de las personas que no tienen nacionalidad.
Como muchas otras personas de origen saharaui, Mohamed tuvo que salir, en busca de protección, de su país, un territorio en disputa desde hace décadas, que todavía espera la celebración de un referéndum, acordado en la Resolución 690 del Consejo de Seguridad de 29 de abril de 1991, sobre su libre determinación. Además de buscar protección y el reconocimiento de sus derechos más básicos, la salida de Mohamed estaba acentuada por la necesidad de atención médica. “Mi ojo derecho ya no ve, con el izquierdo todavía tengo esperanza”. Su problemática, de la que sufre desde los 6 años, no puede ser atendida en origen, donde un sistema de salud desfavorecido no tiene capacidad para ofrecer todos los tratamientos que requiere la población desplazada.
España es el primer país extranjero que pisa Mohamed. Y también es el país donde por primera vez escucha el término de apátrida. “Cuando alguien te dice apátrida, cuando escuchas esa palabra, te duele el corazón”, se sincera Mohamed. Un amigo que reside en Málaga fue quien le contó sobre el procedimiento específico para el reconocimiento del estatuto de apátrida, como vía para regularizar su situación en España, y como alternativa a la residencia por arraigo y la solicitud de protección internacional. Teniendo en cuenta su situación y su origen, entre las tres opciones, su amigo le recomendó la vía de la apatridia. “Yo intenté explicar que no somos apátridas, que somos saharauis, que tenemos derechos que no se nos reconocen, derechos que han sido usurpados, pero me dijo que eso no importa, que lo importante es conseguir un estatuto y poder vivir. Y uno al final tiene que elegir aquello que le conviene, aquello que le puede facilitar unas condiciones de vida dignas, aunque preferiría que se reconocieran los derechos de mi pueblo”.
“Yo intenté explicar que no somos apátridas, que somos saharauis, que tenemos derechos que no se nos reconocen, derechos que han sido usurpados, pero me dijo que eso no importa, que lo importante es conseguir un estatuto y poder vivir. Y uno al final tiene que elegir aquello que le conviene, aquello que le puede facilitar unas condiciones de vida dignas, aunque preferiría que se reconocieran los derechos de mi pueblo”.
Celebra que España tenga un procedimiento de reconocimiento de la apatridia que funcione, que permite, de esta manera, garantizar derechos básicos a personas que están totalmente desprotegidas. Pero también resalta el desconocimiento que muchas personas y organismos tienen de esta problemática. Empezando por las entidades especializadas en atención a personas migrantes y refugiadas, de las cuales algunas le habían recomendado solicitar asilo en vez del reconocimiento de su estatuto de apátrida. Tal vez porque sea más sencillo, o porque la solicitud de protección internacional autoriza a trabajar tras los 6 meses de formalizarla. Y continuando, por otro lado, con las autoridades competentes en la tramitación de las solicitudes, que sorprenden a Mohamed con la documentación que requieren. “Si soy apátrida, ¿cómo es posible que me pidan presentar un pasaporte de otro país, de Argelia, para demostrar que no tengo país, y no aceptan el documento que emiten las autoridades de nuestro territorio?”, se pregunta Mohamed. “Tenemos suerte de que nosotros podemos obtener este pasaporte, que no nos garantiza nacionalidad argelina, pero que nos facilita este trámite”. Mohamed, además, recomienda que en las administraciones competentes haya al menos una persona de referencia para la apatridia. Que se informe correctamente es esencial para que se garanticen correctamente los derechos humanos. “La cuestión de la apatridia, concretamente la de personas saharauis lleva un largo recorrido en España, por lo que no solo es cuestión de que las personas se formen, sino que sean conscientes de la historia de su país”.
Mohamed formalizó su solicitud de reconocimiento del estatuto de apátrida en el País Vasco, asesorado por una entidad especializada en asilo, que le informó sobre los procedimientos, prestaciones y documentación. Fue solo a entregar el formulario de solicitud y la documentación necesaria a la oficina de extranjería, donde le atendieron sin cita previa e incluso le ofrecieron servicio de interpretación por teléfono, aunque sabe que esto es una excepción y que no está garantizado en todos los casos, y es que la atención varía entre oficinas y entre provincias - una información que se comparte entre la comunidad saharaui en España. En la comisaría le informaron que la respuesta podría llegar tanto en dos meses, como en un año o más. “Cuando tramitas la apatridia, tienes que hacerlo con la cabeza fría, y ser consciente de que la espera es larga y no es fácil”, comenta Mohamed, que había escuchado que la ley habla de 3 o 6 meses, un tiempo mucho más reducido que el que se da en la práctica.
“Al final han sido un año y nueve meses de espera”, aclara. Durante todo este tiempo nunca ha sido identificado correctamente como solicitante del estatuto de apatridia. Nunca le dieron el documento identificativo que se conoce como “tarjeta verde”, solamente una copia de su solicitud presentada, con un sello. Un papel que no le ha facilitado ninguno de los trámites para acceder a servicios y derechos básicos como obtener una tarjeta sanitaria, abrir una cuenta bancaria, solicitar prestaciones sociales o apuntarse a formaciones. Aunque en la ley se establezca que las personas solicitantes de apatridia deberían ser identificadas tras formalizar su petición, incluyendo la asignación de un número de identidad de extranjero (NIE), en la práctica se interpreta como un paso no obligatorio y dependerá de la oficina o provincia donde se solicite si se entrega la “tarjeta verde” o no.
En el caso de Mohamed, no fue hasta llegar a Zaragoza, donde es atendido por una entidad social en el marco del Sistema de Acogida de Protección Internacional, que consiguió que le informaran del número de identidad que le habían asignado. Se lo apuntaron con bolígrafo, en la misma copia de su solicitud. Mohamed agradece el acompañamiento de las entidades sociales, que han hecho posible que sus necesidades básicas estuvieran cubiertas y sus derechos respetados, a pesar de no poder demostrar su identidad y condición de apátrida propiamente. De no haber sido por las entidades, no sabe si hubiera podido dormir bajo un techo o comer, y mucho menos empadronarse o acudir al médico. “Si estás solo, es peor. Es necesaria una red de apoyo”.
Contento de haber recibido ya la resolución favorable de su solicitud, Mohamed se prepara para los siguientes pasos, acompañado de la entidad que le ha acogido hasta ahora y de la Asociación Juvenil Colectivo Saharaui LEFRIG, entidad miembro de la Red Europea para la Apatridia, que contribuye a la creación de una red de apoyo y asesoramiento a personas apátridas en Zaragoza y España. Con la obtención del estatuto y un documento de identidad real, Mohamed podrá acceder a los servicios a los cuales tiene derecho por su discapacidad visual.
Si hubiera tenido que esperar más tiempo, sabe que, muy probablemente, hubiera acabado en situación de calle, puesto que el tiempo de participación en el programa de acogida estaba llegando a su límite. Sin cuenta bancaria, sin tarjeta sanitaria, sin trabajo ni empadronamiento, y sin documento, el riesgo de vulnerabilidad es extremadamente alto. “Todas las personas que solicitamos la apatridia nos enfrentamos a mucho desconocimiento y a mucha desatención. Por supuesto tenemos esperanza de obtener el reconocimiento de nuestros derechos, pero a la vez perdemos toda la esperanza. (…) Si las autoridades estuvieran suficientemente sensibilizadas, se resolverían los casos y se concedería la nacionalidad de manera mucho más ágil, sobre todo, en el caso de las mujeres y menores”.
After a year and nine months of waiting to be recognized as stateless, Mohamed must still wait 10 years to apply for Spanish nationality, according to current legislation. He is aware that recognition of his stateless status is the gateway to his fundamental rights, but that this status does not eliminate the administrative and legal obstacles to which stateless persons are exposed. For this reason, he asks the administrations to work towards the protection, and the effective and full recognition of the rights of stateless people.
Mohamed noted at the beginning of our conversation that the term "stateless" hurts, that there are many people who are affected by statelessness who do not want to be recognized as such, since they consider that they have a State, even though it is not internationally recognized.
“Of course, it hurts, but whoever has their own interest is blind. That is why I conform to reality and move forward”.