A lo largo de la historia, las huellas de la guerra se han convertido en inspiración para muchos artistas, músicos, poetas y contadores de historias. Por esta razón, desde el 10 de marzo, en el Museo de Arte Moderno de Bogotá se estará presentando la exposición “Catástrofe” del artista Dor Guez, nacido en Jerusalén. Allí se representa una visión única de la guerra entre Palestina e Israel, desde los ojos del artista y sus seres queridos. Esta colección de recuerdos y fotografías transportan a cada visitante a vivir en carne propia la violencia de una guerra sin fin.
Los protagonistas de una guerra siempre son los vencedores y los perdedores, pero, ¿qué pasa con aquellos que desaparecieron?, ¿alguna vez se les dio una voz o representación?
Desde 1948, las creencias religiosas, el Imperio Otomano y la lucha por conservar a Jerusalén, dieron origen a la Guerra árabe- israelí que se considera, por parte de los israelíes, como Guerra de la independencia y, para los palestinos, el comienzo de ‘Nakba’, en latín ‘La catástrofe’, que produjo la desaparición y desplazamiento de millones de árabes. El enfrentamiento finalizó con la victoria del Estado de Israel a través de los armisticios de 1949.
Por lo tanto, ‘Catástrofe’ es una obra artística, realizada por Dor Guez, donde se recogen los rastros de historias que no fueron narradas en los libros y que espera mostrar la vida que resplandece entre los oscuros relatos de los sobrevivientes árabes como ambivalencia de la ‘Nakba’.
Los rastros son claras señales del paso de las personas, demuestran un camino demarcado en su mayoría por la destrucción y la pérdida. Aquí no solo se pierden estructuras, regiones o monumentos, se pierde también la identidad, tradiciones y culturas que forjan una sociedad. A lo largo de la exposición se vive la experiencia de aquellos caminantes que dejaron una huella de por vida en una nación, ahora dividida y en constante lucha.
Al iniciar el recorrido por la exposición se pueden observar tres objetos iniciales que representan las primeras ruinas que ha dejado esta guerra sin fin. Dentro de las cabinas de cristal se encuentran un libro de souvenirs, un telescopio y un libro escrito en hebreo, los cuales componen en su totalidad un desierto de recuerdos de lo que un día fue una sola región. Para el artista, estos artefactos representan el límite que marca el comienzo del estado de Israel, y por ende, de la violencia.
Continuando con el camino de las obras, aparecen las primeras imágenes fotográficas de estos rastros de dolor. Una composición de tres fotos crean una muestra de los escombros de las antiguas casas palestinas, que fueron destruidas al ser bombardeadas por Israel, con el fin de atemorizar a la población y apoderarse del territorio. Según el artista Dor Guez, su estrategia principal era atacar los techos para obligar a las personas a huir del lugar y jamás volver. Poco a poco, los caminos se construyeron en una base de violencia y dolor.
Ahora bien, es importante saber que las huellas no siempre nacen como resultado de unas pisadas destructoras, sino que también permiten crear nuevas tradiciones y culturas. Es por esta razón que dos objetos como el cactus y la sandía cobran un significado identitario para los palestinos en la actualidad. Dor explica, a través de un video donde su protagonista es su abuelo y unas fotografías de un paisaje cubierto de estas puntiagudas plantas, que en Palestina estos elementos representan los colores de la bandera, y por ende sus orígenes. Son el claro recuerdo de que aún, dentro de este claro conflicto de culturas, hay rastros que generan unión y esperanza.
Por último, y como una explosión de color, se encuentra un pasillo con varias fotografías con las siluetas de distintas plantas y flores. Con un juego de color, pigmento y digitalidad, el artista logró recrear el perfecto paisaje en pro de la cosntrucción de la historia.
Durante la explicación guiada por el artista, él explica que estas plantas son tradicionales en Palestina y fueron recolectadas por investigadores durante su paso por el país. A pesar de la guerra que se encontraba en pleno auge en ese momento, estos visitantes decidieron tomar muestras de los elementos y almacenarlos con sus nombres científicos a un lado. Por esta razón, al encontrar estos archivos el artista siente que son un claro ejemplo de cómo este conflicto perdió relevancia para el mundo, a pesar de que aún hoy no ha cesado. Este es el rastro de la indiferencia.
A simple vista, este conjunto de objetos no parecen tener relación entre ellos, sin embargo, juntos crean un tejido de elementos que muestran la realidad de una guerra que parece nunca acabar, desde los ojos de un artista y sus seres queridos. Esta unión representa los pedazos que ha dejado el rompimiento de dos naciones, dejando a su paso un camino hecho a fuerza, sobre un pueblo que añora su libertad. Todo esto a través del arte, la fotografía, los videos y las historias.
Entre los escombros y cenizas, florece la vida. Una inquietante existencia dentro del sufrimiento que quedó congelado entre los caminos que fueron testigos de miles de niños, mujeres y hombres que se desplazaron en búsqueda de la supervivencia. El relato contado en pigmentos que no desaparecieron después de 70 años.
La fotografía es el formato que más sobresalió dentro de la exposición de Dor Guez, su talento para recurrir a las técnicas primitivas lo llevaron a lograr transmitir, desde los objetos y la naturaleza, un pasado que se mantiene detrás de una cortina de humo en la historia del mundo occidental.
Dentro de la explicación guiada de la muestra artística, se aclaró que originalmente las flores no eran azules, pero el color resultó de un proceso de escaneo y la composición de las imágenes en negativo, logrando así modificar la escala de las fotografías para conseguir un tamaño más grande.
Acorde a lo anterior, resulta interesante la forma en que las herramientas digitales fortalecen la producción de contenidos con mensajes e historias a las que pocas personas se atreven a transmitir e indagar. Por ello, el trabajo fotográfico de Jesús Abad Colorado es un gran ejemplo para conectar la exposición de Guez con el contexto colombiano.
El lente sobre el conflicto armado es la propuesta de valor del fotoperiodista colombiano que se atrevió a mostrar los rostros de las víctimas de una guerra civil que, hasta el día de hoy, continúa siendo la pesadilla de miles de personas que viven en las periferias de Colombia y que se criaron bajo el sonido de las balas. Una mirada retrospectiva de la violencia contada en exposiciones artísticas y en su famoso documental “El Testigo: Caín y Abel”, estrenada en 2018.
En efecto, el arte audiovisual es protagonista de “Catástrofe”, una obra contada para la humanidad, una realidad que acompaña cada página de los libros de la historia universal.
La belleza, un concepto que cambia dependiendo de la persona a la que le preguntes, la cultura y la época. Para algunos, puede ser la cualidad de una persona, su atractivo físico, pero para otros, gira en torno a aquellos factores que no son evidentes a la vista, la preciosidad, el encanto del alma.
El deseo de resaltar esa vanidad, por parte de las mujeres, viene de décadas atrás. Y la abuela de Dor no es la excepción, ella no quería aparecer en los videos o en las fotografías, quería mantenerse bella tal y como estaba en el día de su boda. Además, resulta curioso pensar que el día en que se lleva a cabo la unión de dos personas pueda convertirse en un hito histórico, aunque es evidente que se recordará como una fecha importante por parte de aquellas personas que protagonizan esa unión, no se espera que el conflicto y el dolor terminen afectando un momento tan especial.
Un paradigma de confrontación y angustia, era lo que vivía Israel y Palestina en 1949. Y tal fue la magnitud de la guerra, que la única documentación que se tiene de ese año, es la imagen que retrataba a esa joven (La abuela de Dor) el día de su matrimonio. Esta pieza, se convirtió en la fotografía más icónica no sólo por ser lo único que se tiene de ese momento, sino también por la rasgadura del papel que da a entender el impacto que tuvo la guerra en ese país.
A lo largo de la vida, hemos escuchado que somos lo que hacemos, somos aquello que recordamos, esas memorias que construimos a lo largo del tiempo. Y el lenguaje, es un elemento fundamental para la construcción de esos recuerdos, muchas veces comunica y dice mucho más, aquel objeto o aquella persona que decide no mostrarse. Es ese momento en donde la melodía de la voz, representa la presencia de la persona. Y esa, fue la manera en como la abuela de Dor decidió mantener su belleza intacta y perdurable en el tiempo. Ella seguía siendo parte de la narrativa, aunque no fue representada.
Entrevista a Dor Guez por su exposición Catástrofe en el MAMBO.
La exposición, nos invita a entender y apreciar la historia de Dor sin ningún camino que ya ha sido trazado, es decir, no nos limita ni tampoco nos guía, nos permite ir más allá y simplemente disfrutar de lo maravilloso del arte que se puede realizar de la mano de la fotografía y el video. Cada una de las piezas gira en torno a una temática ecológica y ambiental que sale a relucir, tratando de ocultar o cubrir un poco el camino del conflicto. Es la ambivalencia de la catástrofe.