Según estudios del fenómeno del racismo, Geulen (2010) dice que el concepto de raza surge por primera vez en el ámbito biológico para categorizar a las especies que fueron domesticadas por el “hombre”1 . Como ejemplo tenemos a los perros y los gatos que el hombre usó a su favor para, dicho coloquialmente, hacer distintas mezclas y alteraciones físicas y genéticas en ellos. Este concepto de “raza” pronto comenzó a ser utilizado para diferenciar a la humanidad de la “no humanidad”, a unos cuerpos de los “otros”, siendo los segundos los cuerpos racializados y, de alguna manera, los más cercanos a la animalidad: los no-humanos. La animalidad es todo aquello que define lo que está más cercano de la naturaleza, aquello a lo que el hombre se ha negado a pertenecer. Como menciona Myriam Acero en el texto introductorio de la revista Tábula Rasa N. 32 (2019), aquello que se acerca más a la naturaleza, se aleja a su vez de la cultura, siendo esta la que únicamente puede ser creada por el humano. En este ensayo se pretende analizar si los cuerpos racializados lo son por ser vistos como cuerpos que pueden ser domesticados por el hombre.
1. Se utilizará constantemente en el ensayo los conceptos de “hombre” y “humano” sin hacer demasiada distinción entre ellos, pues se nos ha impuesto que el primero es el único que está completamente conectado con el segundo, estando los cuerpos racializados, las mujeres y los niños más alejados de este y más cercanos a la animalidad. Esto lo abordan distintes filósofes de varias maneras, como por ejemplo María Lugones (2008) que dice que a las mujeres colonizadas se les localiza en la animalidad para fortificar las características de la feminidad blanca, María Mies (2018) que hace una comparación entre el cuerpo de la mujer con la tierra y a los hombres con las semillas que se siembran en ella. También Derrida (2010) que afirma que existe una configuración sistemática y jerárquica donde el soberano (hombre) se encuentra en la parte más alta mientras que en la parte de abajo se encuentran los sometidos (esclavos, mujeres y niños).
Según Bataille (2019), el hombre es definido como tal según su relación con el ano solar o el ojo pineal; el ano solar se llama así porque mira hacia arriba y, por lo tanto, los seres que tienen un ano solar son los que se encuentran en una posición horizontal, más cercanos a la tierra que al cielo. Este es su centro de gravedad, y conforme el ano deje de ver hacia arriba y el cuerpo se acerque más a una posición vertical, el centro de gravedad se desplaza al ojo pineal. Esto supone que el ano, que era un excretor de materia, ahora pasa a la boca, excretora de “cultura”. Si complementamos la idea de Bataille con lo planteado en Tábula Rasa No. 32, los seres con un ano solar están más cercanos a la animalidad por estar en 4 o más patas, lo que los hace indignos e incapaces de crear cultura porque no tienen un medio “excretor” de la misma. En la actualidad, esta separación de la humanidad y animalidad se ve reflejada en la manera en la que se refiere a las comunidades indígenas: “atrasados”, sin progreso y, por lo tanto, incapaces de producir cultura.
Pero este no es el único argumento que afirma que se racializa a ciertos cuerpos por ser vistos como “domesticables”, pues para el racismo, lo animal visto desde el especismo, puede tener también dos patas. El antropocentrismo tiene un papel muy importante junto con el capitalismo y el colonialismo, este define lo que es humano y lo que no lo es, y dice que todo aquello que no es humano puede ser explotado y utilizado a su favor por el simple hecho de no serlo. Esto viene de alguna manera ligado con el colonialismo de asentamiento, que es el acto de los colonos de reemplazar o conseguir una proximidad forzada con los cuerpos originarios para poder asentarse y sacar provecho de ellos. Estos tienen dos opciones de las cuales –según- “pueden” elegir: fungir como productores dentro del sistema capitalista y colonial, o como productos desechables, casi “dignos” de ser desaparecidos y/o morir. Bataille incluso dice que una de las diferencias del animal y el hombre –como si este no perteneciera a la animalidad- es que el hombre tiene prohibido morir, y sería lógico decir que este combate aquel miedo a su propia muerte a través de la desaparición y masacre de otros cuerpos con los que no se siente identificado y cataloga como “animales”, pues la muerte supone para el hombre dejar de ser “yo” y, para él, aquellos cuerpos “animales” nunca son “yo”, por lo tanto pueden –e incluso deben- morir, porque esto no hace la diferencia.
Como ejemplo de lo anterior, tenemos el caso de Ota Benga, quien fue un joven de aproximadamente 13 años secuestrado en marzo de 1904 por un comerciante estadounidense de “animales exóticos” en el entonces Congo Belga. Fue llevado a Nueva Orleans en barco con el objetivo de ser exhibido en la Feria Mundial de St. Louis ese mismo año, que se dice duró hasta invierno y Ota Benga junto con otros jóvenes secuestrados no fueron otorgados con ropa ni refugio. En 1906 fue exhibido durante casi un mes en el zoológico del Bronx en Nueva York y, para su fortuna, un grupo de ministros cristianos negros expresaron su indignación ante este suceso y lograron que Ota Benga fuera llevado al asilo de huérfanos (específicamente para personas “de color”), encabezado por el reverendo afrodescendiente James H. Gordon. Luego fue a una escuela para estudiantes negros en Virginia, donde compartió sus conocimientos de caza y pesca con sus compañeros y, en 1916 a los aproximadamente 25 años, se suicidó. Este es un claro ejemplo de lo que ser considerado no-humano significa para aquel que genera esta diferencia: el suicidio de Ota Benga no tuvo impacto alguno y, de hecho, nunca recibió una “disculpa” ni justicia, pues fue visto siempre como un producto sin un “yo” que podía ser explotado, desechado y fácilmente reemplazado para beneficio del capitalismo y antropocentrismo.2
2. Menciono que hay un beneficio para el antropocentrismo ya que el caso de Ota Benga fue una de las miles de maneras en las que el hombre occidental se reafirma a sí mismo y al “otro” que forma parte de la humanidad y jamás de la animalidad.
Retomando el tema de la “boca excretora de cultura”, el falogocentrismo, que es según Derrida (2010) aquello que construye estructuras de dominación modernas a través de la creación de “nexos oblicuos entre binomios jerarquizados (animal/humano, mujer/hombre, emoción/logos)”, -o “conceptos contrarios asimétricos”, como los llamaría Koselleck (1993)- es también un factor muy importante para el análisis de la relación entre los cuerpos racializados y la domesticación, pues un pilar de este es el logocentrismo, es decir, el posicionamiento de superioridad de la verbalización sobre todo aquello que desde el especismo y el racismo no es una forma de hacer uso de la voz. En su ensayo (2019), Anahí G. González dice lo siguiente:
“El logocentrismo es un eje constitutivo de la inferiorización de los animales y de las mujeres, las cuales han sido identificadas con lo emocional y lo pasional, en oposición a la esfera del intelecto y de la Razón.”
A su vez, Derrida dice que el logocentrismo posiciona al animal como un subordinado por el simple hecho de no poder comunicar a través de la voz (o al menos no una que el hombre comprenda). Esto pasa también con los cuerpos racializados de pueblos originarios: llegan los colonos a asentarse, a forzar un acercamiento para lograr la domesticación de estos cuerpos o, de lo contrario, eliminarlos o explotarlos como mercancía. Si tienen “éxito” con la primera opción, el primer paso es desaparecer el idioma perteneciente a estos cuerpos para así ser domesticados con uno nuevo, ya que el idioma inicial no es merecedor de ser catalogado como medio de expresión de una voz. Esto quiere decir que los cuerpos racializados y ahora domesticados, son inmediatamente catalogados como “animales” al tener un idioma incomprensible para el colono, y ellos, al forzar el conocimiento de su idioma, desde su perspectiva les dan “por fin” una voz –o al menos algo digno de ser catalogado “voz”- y, a su vez, el “privilegio” de estar un paso más cerca de la humanidad.
Sabemos entonces que hay muchas maneras en las que la racialización de ciertos cuerpos está ligada a la creencia de que se tiene el poder de domesticarlos y explotarlos, y si bien hay una infinidad más de ejemplos, hasta ahora los ya mencionados hincan pie a cuestionarnos la manera en la que nuestra idea de lo animal influye en la manera de percibir “otros” cuerpos. Entonces, podría decir con –no total- seguridad, que uno de los primeros pasos para empezar a decolonizar nuestra mente (porque es ahí donde se encuentra aquello que nos hace colonos de la modernidad), es encontrar esa conexión directa que tenemos con la animalidad y cuestionar nuestra perspectiva especista de la misma. Solamente así, al encontrarnos ligados con aquella animalidad sin prejuicio ni vergüenza alguna, podremos romper esquemas y confirmar que las razas no existen, que lo que existen son millones de maneras diferentes de comunicar y re-existir. Está en nosotres los “colonos de la modernidad” no apropiarnos de esa re-existencia a través de la opresión y la violencia, sino desde la unión y la deconstrucción.
Bibliografía
1. Geulen, C. (2010). Breve historia del racismo. Alianza Editorial.
2. Acero Aguilar, M. (2019). La relación humano-animal como construcción social. Tábula Rasa, 32, DOI: https://doi.org/10.25058/20112742.n32.01
3. Cine y Filosofía. (2019, 4 de enero). Bataile y la animalidad [Video]. Youtube. https://www.youtube.com/watch?v=y7nnvkxbsQ4&t=1090s
4. Derrida, J. (2010). Seminario; La bestia y el soberano. Manantial. https://www.academia.edu/8129135/Seminario_La_bestia_y_el_soberano_vol_1_Jacques_Derrida
5. Koselleck, R. (1993). Futuro pasado; para una semántica de los tiempos históricos. Ediciones Paidós.
6. González, A. G. (2019). Lo animal como lugar de resistencia ante la trama sacrifical de la filosofía. Tábula Raza, 38. DOI: http://dx.doi.org/10.15304/ag.38.1.4563
7. Lugones, M. (2008). Colonialidad y género. Tábula Rasa, 9. DOI: https://doi.org/10.25058/20112742.340
8. Mies, M. (2018). Patriarcado y acumulación a escala mundial. Traficantes de sueños.
9. Court, B. R. (2020). Cuerpo animales, sujetos coloniales: (re)localizando la animalidad en el pensamiento decolonial. Anarquista Polaris.
10. Fernández Aguilera, L. (2019). Feminismos y liberación animal: alianzas para la justicia social e interespecie. Tábula Rasa, 32. DOI: https://doi.org/10.25058/20112742.n32.02
11. Pérez Flores, L., (2016). Islas, cuerpos y desplazamientos: Las Antillas, Canarias y la descolonización del conocimiento. [Tesis doctoral]. Universidad de La Laguna de San Cristóbal.
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Creado con imágenes de teamjackson - "Black Lives Matter concept with black person of an ethnic minority standing out amongst white people in solidarity of equality and racism" • Africa Studio - "White caucasian and black afro american hands holding together, friendship concept" • Tiago Fernandez - "Detail of the hands of an old woman working in front of her hut at the village of Eticoga in the island of Orango." • jesuschurion57 - "Una mujer indígena de Guatemala va con su hijo en la espalda." • Serge Aubert - "Support and solidarity between a white hand and black hand" • hmzphotostory - "Close-up of the traditional weaving done by the indigenous people using the bur rush plant leaves. Selective focus points"