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REVISTA LOGIA EL DERECHO A DECIDIR DE LAS NIÑAS Y LAS MUJERES SOBRE SU PROPIO CUERPO

EL DERECHO A DECIDIR DE LAS NIÑAS Y LAS MUJERES SOBRE SU PROPIO CUERPO

por Tania Argelia Sánchez Segura

El aborto es un tema tabú, en nuestra sociedad, pero sobre todo en México pues todavía existen Estados de la República en donde practicarse un aborto es castigado con prisión. Sin embargo, ha sido una práctica milenaria utilizada para decidir en qué momento y cuántos hijos o hijas se pueden o desean tener, dependiendo del contexto y la historia.

Por ejemplo, en las antiguas sociedades occidentales donde el alimento escaseaba por las guerras o los fuertes inviernos, las mujeres, muchas de ellas señaladas como “brujas” o curanderas conocían las propiedades de las plantas y los ciclos menstruales que les ayudaban a prevenir un embarazo o abortar.

Desafortunadamente, la caza de brujas destruyó los conocimientos ancestrales de años de experiencia y sabiduría sobre los ciclos vitales y las plantas que pasaban de generación a generación, e instaló un sistema de dominación hacía niñas y mujeres que les impedía el saber sobre su propio cuerpo, esto debido al auge de la religión judeocristiana y al surgimiento del poder de la Santa Inquisición, quien llevo a muchas mujeres a la hoguera, quemadas por brujería.

Posteriormente, al quedar completamente fijo un modelo social y de gobernanza patriarcal, las mujeres fueron relegadas al espacio de lo privado; es decir al espacio del hogar sólo como esposas, madres o hijas, estás categorías fortalecieron la creencia del control sexual de las mujeres y por ende el control sobre sus cuerpos y la forma, el momento y la cantidad de hijos que podían tener, parafraseando a Carol Pateman (1995), “las mujeres no son sujetas de derechos en el contrato social masculino occidental”, por lo mismo no pueden tomar decisiones como si pueden hacerlo los hombres de sí mismos y del cuerpo de ellas.

La medicina en ese entonces, reforzó la creencia de que las mujeres debiesen parir los hijos que dios mandara y centró sus conocimientos en la reproducción y parto, negándose a la existencia del aborto. Esto fomentó el mandato de obediencia y sumisión, e instaló un dispositivo social que como principal objetivo era controlar a través del mito del amor romántico a las y los jóvenes, construyendo el arquetipo del hombre salvador el cual brindaría protección, seguridad y manutención por medio del matrimonio y gozaba del privilegio de mandar sobre las y los demás.

Hoy en día, el aborto sigue siendo un tema tabú para una parte de la sociedad, sin embargo, desde los años 60´s y a partir del surgimiento del movimiento feminista que visibilizó las grandes problemáticas de las mujeres que carecían de derechos básicos, como derecho a la educación, derechos laborales y derecho a la salud, entre otros, puso bajo la lupa el tema del aborto o el derecho a decidir sobre sus cuerpos, como un tema de salud pública.

Esto porque a pesar del control sociocultural y legal, ellas seguían abortando en las condiciones menos salubres o adecuadas (dependiendo del contexto e historia de cada una); así el tema se volvió central en los últimos años en América Latina pues las mujeres jóvenes, pobres y sin acceso a la salud, recurrían a prácticas poco fiables y seguras que ponían en riesgo sus vidas y si eso, no es poco, si lograban abortar y salir vivas les esperaba la cárcel o el repudio social.

A la fecha en México, sólo 9 entidades federativas de las 32 tiene garantizada la interrupción del embarazo hasta la semana 12 y en los Estados que está legislada la interrupción del embarazo, algunos médicos han optado por la objeción de conciencia, aun tratándose de casos graves como embarazos producto de una violación sexual. Lo cual vulnera la vida de esas mujeres, que en su mayoría son adolescentes y en otros casos apenas unas niñas, pues obligarlas a parir en las condiciones de marginación y violencia es un atentado contra su vida y su dignidad.

La importancia de atender el aborto como un derecho humano y no desde una visión moral, nos permite centrar las acciones en prevenir los embarazos no deseados y garantizar el derecho a la salud y la vida digna de quienes deciden abortar. Es un tema de justicia y respeto a la vida, pues las personas tienen derecho a decidir sobre su propio cuerpo, sin el temor a sufrir represarías por algo que debe ser garantizado como un derecho humano fundamental.

En las últimas décadas, teóricas feministas ponen en discusión la importancia de legislar con perspectiva de género y derechos humanos, pues el aborto es un tema central para la lucha del reconocimiento de las mujeres como ciudadanas y sujetas de derecho, es decir, las mujeres no deberíamos estar luchando por algo que es un asunto que compete sólo a nuestra realidad (el de quedar embarazadas); porque es nuestro cuerpo, nuestra vida y nuestra decisión. Lamentablemente, la realidad en México es abrumadora, pues la exigencia por la despenalización busca dejar de criminalizar a las mujeres que abortan, sobre todo en los contextos de mayor marginación y violencia en donde corren peligro de muerte.

“En el 2007 en la Ciudad de México el pleno de la asamblea legislativa del Distrito Federal aprobó una serie de reformas al Código Penal (artículos 144, 145, 146 y 147) y a la Ley de Salud (artículos 16 Bis, 6 y 6 Bis), ambos de la Ciudad de México, donde se despenalizó la interrupción del embarazo hasta la doceava semana de gestación y se estableció la responsabilidad a la Secretaría de Salud de atender las solicitudes de interrupción del embarazo” – (BOLETíN CONAMED - Vol. 5 No. 25 - 2019. 67).

Lo cual resultó un gran avance en materia de derechos humanos en la Ciudad. Sin embargo, profundizó las grandes discusiones morales y religiosas en otros estados, en donde las mujeres que querían abortar sufrían mayor persecusión y rechazo por parte de las autoridades y su comunidad. El claro ejemplo fue la criminalización de quienes abortaban, acusandolas de homicidio en razón de parentesco, lo que imposibilitaba su defensa y el acceso a la justicia al tratarse de un delito mayor.

De hecho, al día de hoy son pocos los registros de las mujeres que se encuentran presas por abortar, ya que según datos de La Comisión Nacional para Prevenir y Erradicar la Violencia contra las Mujeres (Conavim) que pidió revisar 432 carpetas de investigación abiertas relacionadas a delitos por abortar entre enero y julio pasado en 27 estados del país , menciona que los delitos por los que se les condena son, homicidio en razón de parentesco, infanticidio, filicidio y omisión de cuidados, obstaculizando su defensa y vulnerando todos sus derechos humanos.

La gran preocupación que se encuentra alrededor del aborto, es que vulnera la vida de las mujeres y sobre todo de las más pobres, pues recrudece muchas veces las condiciones de marginación y violencia en las que se encuentran e imposibilita que se reduzca la brecha de desigualdad. Lo cual genera rezago y acumula deudas históricas con más de la mitad de la población.

Es la misma razón, por la que parte del movimiento feminista plantea la abolición de las leyes relacionadas al aborto, pues despenalizar y legislar, no garantiza la libre elección, ni tampoco asegura una vida digna para quienes deciden abortar. El planteamiento moral sobre el cuerpo y el embarazo, sólo propaga violencia a través de una mirada misógina y patriarcal, pues no se juzga de la misma forma a los consumidores de prostitución o pornografía que en su mayoría son hombres, pero si a las que abortan, porque a ellas las juzga la sociedad, la religión y las leyes.

Las mujeres son las que deben opinar y ser escuchadas sobre el tema de aborto o la interrupción del embarazo pues es su vida, su cuerpo y sobre todo su decisión. Es una cuestión de derechos humanos y mientras el aborto siga criminalizado, no podemos hablar de un país libre y democrático, no podemos hablar de un país garante de los derechos humanos.

A pesar de los discursos machistas sobre las prácticas sexuales de las mujeres, se debe tener conciencia que la esfera de lo privado, del hogar, no deja de ser una esfera importante de la que se tiene que nombrar lo que sucede, pues como Kate Millet lo dice “lo personal es político”, por eso la legitima lucha del derecho a decidir sobre nuestros propios cuerpos se vuelve una defensa humana por la dignidad y respeto que merecemos todas y todos.

La importancia de un cambio de conciencia social que asegure la no discriminación y el derecho a la salud pública y gratuita en la decisión de abortar, no se trata de un asunto aislado de juicios morales, se trata de vidas humanas y de los derechos que merecemos todas las personas, no importando nuestra condición social, etnia, sexo o color.

“A México se le han hecho diversas recomendaciones en materia de servicios de salud sexual y reproductiva, que de ser implementadas ayudarían a prevenir embarazos no deseados y su interrupción en procedimientos clandestinos e inseguros; esta última es una de las primeras causas de mortalidad materna en el país”(el aborto en el sistema internacional de derechos humanos, México 2019).

De no tomar cartas en el asunto seguiremos teniendo graves omisiones y violaciones a los derechos humanos en México y una gran división de ideologías por las cuales no lograremos vivir en paz, pues como dijo Malala Yousafzai "Teníamos dos opciones, estar calladas y morir o hablar y morir, y decidimos hablar". Lo cual significa, que las mujeres seguiran luchando por ser reconocidas como personas, sujetas de derecho, por ser libres y decidir sobre su propio cuerpo.

El reconocimiento del derecho a decidir e interrumpir un embarazo, es un asunto de derechos humanos, y los derechos humanos no se otorgan, no se regalan, tenemos derechos humanos, porque somos personas. Las mujeres tenemos derechos porque somos humanas y seguiremos exigiendo todos los derechos para todas, hasta que se vuelva costumbre en nuestra sociedad.

Created By
Ricardo Gutiérrez Chávez
Appreciate

Credits:

Creado con una imagen de Andy Dean - "Hands of Mother Holding Her Newborn Baby Girl"