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Marta Palau El poder de la materia

Maga guerrera, Marta Palau (1934-2022) creó una urdimbre donde se mezclaron las raíces tradicionales con lo experimental. Hilos y ramas lanzados hacia el espacio, trenzados, sosteniendo o dejando caer otros tantos, todos en búsqueda de lo ancestral. Diversos críticos e historiadores de arte ven la obra de Palau como una reivindicación del deseo y poder femenino, pues hay en esta un profundo interés por el cuerpo, la identidad, el erotismo y la fuerza de la mujer.

El Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura a través del Museo de Arte Moderno, rinde un homenaje a la artista, creadora de múltiples facetas, figura central en los movimientos orientados a la renovación de los lenguajes visuales y plásticos de la segunda mitad del siglo XX y del arte contemporáneo en México.

A lo largo de su trayectoria, Palau mezcló disciplinas en búsqueda de otras vertientes creativas. Agregó el ensamblado en el ambiente textil y en la instalación, hizo convivir el estampado en la escultura e integró el collage en la gráfica y en la pintura.

Sus aportes fueron significativos en arte textil y el tapiz. La integración de materiales de origen natural —fibras, ramas, tierra, henequén, lana, hojas de maíz— apunta a una conceptualización orgánica de lo escultórico, a la vez que una reivindicación de lo femenino como fuerza transformadora.

Palau es precursora de la instalación, décadas antes que se nombrase así esta disciplina. Sus tapices y textiles abandonan el muro para colocarse al centro, tomando paulatinamente el espacio e interviniendo, de manera temporal, la arquitectura, a la que convierten en una zona de tránsito, donde se gesta una relación de interacción con los espectadores.

ELEMENTOS DE CREACIÓN

Palau está interesada en reflejar en las obras el cómo son moldeados los objetos por la acción del cuerpo. Hay geometrías y ornamentos, subordinados a lo expresivo; la abstracción de las figuras es orgánica. En sus piezas, ojos, pies y manos tienen un papel activo —por ejemplo, estas últimas hacen referencia a la corporalidad y su poder—. Triángulos, círculos y líneas se convierten en trazos protectores.

De la serie Cueva pintada, 1995. Centro Cultural Tijuana

En la década de los ochenta, retoma ramas y tierra para crear obras relacionadas con el concepto de ritual. Se interesa en la búsqueda y estudio de raíces ancestrales, en el contacto con comunidades indígenas del norte de México y Michoacán y en los arquetipos que comparten distintas cosmogonías del mundo, en tanto pensamiento alternativo al hegemónico.

Marta se auto considera hechicera y maga. Lee el tarot, la mano y el café. No se refiere a sí misma como artista feminista, pero piensa en las figuras femeninas como sibilas, portadoras de rebeldía, transgresión y transformación.

Bastones de mando (detalle), 1985. Tomado del catálogo Marta Palau. Naualli

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NAUALLI. CUERPO, GÉNERO Y HECHIZOS

Es justo al final de los ochenta, cuando Palau toma posesión de la figura femenina del chamán, la nahualli. A partir de ese punto, sus obras llevarán como título principal “Naualli” y un subtítulo particular que les identifique. La primera de ellas es un conjunto de escudos protectores que poseen una hendidura vaginal. No está ahí el sexo femenino como objeto de contemplación masculina sino como objeto de poder: la potencia de lo interno. Es así, que en su obra, los planteamientos más modernos se funden con los materiales y técnicas más antiguos.

Naualli, apela a lo corpóreo, el refugio del cuerpo propio. El gozo y lo lúdico, lo natural y lo mágico, se encuentran. Los actos de enredar, tejer, deshilachar, atar y anudar múltiples materiales –tanto naturales como artificiales– son signos protectores.

Lo primigenio está ahí, latente, como si hace segundos —¿o siglos, quizá?— hubiese cruzado por esas hendiduras que recuerdan el canal materno de donde nace, una y otra vez, la vida renovada.

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“...todo lo que hago está basado en un pensamiento mágico. El arte es para mí un gesto de magia”.

Marta Palau, "El arte feminista de Marta Palau", Vindictas, Artes Visuales, TV UNAM, junio, 2020. Puede ver el programa completo en el siguiente enlace:https://www.youtube.com/watch?v=GO_gUWwN5as

Imagen derecha: Naualli- Estandarte (detalle), 1992. Centro Cultural Tijuana

TEJIENDO REDES

Exiliados durante el franquismo, la familia de Palau emigra a México, cuando ella tenía seis años de edad. Su relación con la tierra y el tejido provienen del recuerdo de su pueblo natal, Albesa, en Cataluña. Al principio se establecen en Tijuana y luego en la Ciudad de México. La relación de la artista con su adoptiva Tijuana será permanente. Tuvo quizá, por todo lo anterior, una recurrente predilección por el tema de la migración, la dificultad a la que se enfrentan los migrantes y las fronteras. Encontraba en el arte una manera de canalizar la protesta, siendo una de las primeras artistas en realizar obra en relación con los feminicidios en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Nómadas II, 1998. Tomado del catálogo Marta Palau. Naualli

Marta Palau, escultora, tejedora, pintora, grabadora, ceramista y promotora cultural realizó un gran aporte al arte y la cultura del siglo XX. Fue una artista que rebasó su taller de producción, extendiendo su labor creativa también como gestora y detonante —tanto del inicio como del fin— de diversos proyectos en estrecha relación a temas de interés social y político. En 1968 fue parte del colectivo fundador del Salón Independiente, mismo en el que se mantuvo activa hasta 1971, año de su disolución. Fue promotora, curadora y fundadora del Salón Michoacano del Textil Miniatura (1982-1986), del Salón Internacional de Estandartes —mismo que se convertiría en la Bienal Internacional de Estandartes—, activo de 1996 a 2014; así como la primera edición de la exposición Cinco Continentes y una ciudad. Salón Internacional de Pintura, en 1997, a la cual se convocaron curadores de cada continente.

Los que se quedan, 2001.

Muro transitable. Centro Cultural Tijuana